Hay pocas cosas tan emocionantes como escuchar por primera vez el llanto de nuestro bebé. Luego de 9 meses de espera, nos encontramos con este pequeño ser, que rara vez es igual al que nos imaginábamos. Comienza entonces un período de reconocimiento, una etapa de adaptación, en la cual, las primeras horas de vida son de gran importancia.
El bebé dentro del útero se encuentra en lo que se denomina “Estado de Nirvana”, este es un estado óptimo, en donde todas sus necesidades están satisfechas. No siente frío, ya que el líquido amniótico regula la temperatura. No siente hambre, a través del cordón umbilical recibe todos los nutrientes necesarios. La luz y los ruidos son filtrados, recibiendo estímulos moderados.
Generalmente, cerca de las 40 semanas, comienza el trabajo de parto. El bebé, ya próximo a nacer, siente las contracciones como un abrazo, un masaje firme que lo impulsa a pasar por el canal de parto. Este no es un trabajo menor, la naturaleza tiene sus métodos, y tras varios minutos, contracciones y pujos, el bebé nacerá.
El aire entra por sus pulmones y el bebé llora por primera vez. Es aquí donde comienza un mundo nuevo, sensaciones que nunca antes había sentido. Luces, voces, ruidos y también dolor. El personal de salud realizará ciertos procedimientos de rutina en el bebé, estos son necesarios para asegurar su salud y evitar futuras complicaciones.
Luego de esta larga travesía, el bebé es colocado en los brazos de su madre. Generalmente, al escuchar su voz, el bebé deja de llorar, mantiene sus ojos bien abiertos como intentando reconocerla. Si es colocado en su pecho, por sus propios medios intentará prenderse. Se denomina este primer período como “Estado de alerta tranquila”. El bebé observará todo a su alrededor, recibiendo los nuevos estímulos. Es un momento de reconocimiento, de encontrarse con la cara de aquella voz que él escuchaba desde la panza. Es curioso que, en este momento, su vista tiene un alcance de 20 a 30 cm, esta es la distancia del pecho al rostro de la madre.
Comenzando la lactancia.
Este período es ideal para que comience la lactancia materna. La euforia del nacimiento produce en la madre ciertas hormonas que favorecen la producción de leche. Asimismo, el contacto físico con el bebé (tocarlo, olerlo) ayudan y estimulan en el establecimiento de la lactancia.
Se recomienda que el bebé sea colocado en el pecho dentro de los primeros 30 minutos de vida, los que corresponden a este “Estado de alerta tranquila”.
Al inicio, la mamá producirá calostro, es una sustancia de color amarillento, un poco más densa que la leche que producirá en el futuro. Es una fuente importante de vitaminas e inmunidad. La mamá puede pensar que no está produciendo nada, ya que el calostro sale en poca cantidad. Si el bebé es colocado a pecho a demanda (cada vez que lo pida, o que la mamá sienta que ella necesita), nos aseguramos que obtendrá todos los nutrientes necesarios. De la misma manera, la estimulación de la succión del bebé favorece la “bajada de la leche”, que sucederá unas horas luego del parto.
Más allá de los beneficios sobre la lactancia, el contacto físico en las primeras horas de vida es fundamental, tanto para la madre como para el bebé. Si pensamos en los mamíferos, al momento de nacer, todos permanecen junto a su madre, es la única forma de sobrevivir. En la mayoría, buscan de inmediato el pecho, y se mantienen a su lado la mayor parte del tiempo. Sería interesante cuestionarnos porque nosotros, la raza humana, muchas veces intentamos alejar a los bebés, los dejamos en sus cunas o en la nursery. Como cualquier mamífero, el bebé se sentirá seguro si está cerca de su mamá. Forma parte de nuestro instinto de supervivencia. En nuestros antepasados primitivos, si el niño no estaba junto a su madre, corría peligro de ser devorado por depredadores. Actualmente, cuando un bebé nace, no sabe que se encuentra en la seguridad de un sanatorio, y que hay otros adultos que lo cuidan.
En respuesta a esta necesidad, surgieron en el ámbito hospitalario, maternidades que ofrecen internaciones conjunta, en donde el bebé permanece en la misma habitación que la mamá.
Algunos centros aún mantienen nurseries, en donde los bebés pasan la noche, pero esta medida debería utilizarse solo en casos de extrema necesidad.
Cuando el primer encuentro se retrasa
Si el nacimiento ocurre por cesárea, este primer contacto de la mamá con el bebé se verá retrasado. Aquí es importante el tipo de anestesia que fue necesario utilizar. Uno de los beneficios de la anestesia raquídea se encuentra en el tiempo de recuperación. Como la mamá no es dormida completamente, podrá estar más pronto en la habitación junto a su bebé. Y a pesar de que fue anestesiada para el dolor, sus sentidos no se encuentran mayormente afectados. La anestesia general tiene la contra de llevar mayor tiempo de recuperación, y algunas mamás manifiestan cierta dificultad en el comienzo de la lactancia.
Otro elemento de gran importancia, en caso de que la mamá y el bebé precisen estar separados, es la presencia de otros referentes afectivos significativos. Como la madre no podrá estar de inmediato con su bebé, en sus primeros minutos de vida será acompañado por otras personas. Escuchar voces conocidas y ser recibido con afecto, mitigará la falta de su mamá.
De todas formas, recordemos la plasticidad del cerebro humano, lo que le permite irse adaptando a las situaciones, construyendo nuevas conexiones neuronales. Esto nos indica que nada es determinante, y aunque las primeras horas del bebé son muy importantes, siempre existe la oportunidad de reparar. Aquella mamá que no haya podido estar de inmediato con su bebé, seguramente encuentre, de forma natural, la manera de vincularse positivamente con su bebé en el futuro, recuperando los momentos perdidos.
Comienza un nuevo vínculo
Desde que el bebé se encuentra en la panza de su madre, existe una relación entre ambos, un vínculo que se está construyendo, el cual se basa principalmente en la fantasía. Sin embargo, en el momento del nacimiento se hará tangible, es cuando nos encontramos “cara a cara” con el bebé real.
La forma en que sus padres y otras personas significativas (abuelos, tíos), se relacionen con el bebé, constituirá lo que se denomina apego. Es decir, el bebé aprenderá a vinculares de acuerdo a como se vinculen con él.
Las primeras horas de vida son muy importantes en la constitución del apego, indicarán cómo comienzan los primeros vínculos. Un bebé que es recibido con alegría, que es mimado, tocado, que se le habla y se da significado a sus necesidades, aprenderá a relacionarse de esta manera. Sin embrago, un bebé que no es atendido, que no es calmado ante el dolor, y que solo se le cubren las necesidades biológicas, desarrollará defensas emocionales, que en un futuro, puede constituir alguna dificultad en el establecimiento de vínculos.
En conclusión, el bebé pasa de estar cómodamente en la panza de su madre, a un mundo lleno de estímulos y sensaciones nuevas. Buscará instintivamente el olor y el calor del regazo de su mamá. Allí encontrará el alimento, y saciará sus necesidades emocionales de sentirse seguro y querido. El establecimiento de este primer vínculo, será modelo para las futuras relaciones. Mimar al bebé, tocarlo, hablarle, atenderlo cuando llora y calmarlo ante el dolor, son todos elementos fundamentales, que no cuestan nada, pero valen mucho.
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sábado, 9 de enero de 2010
Las primeras horas del bebé
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Etiquetas: Cosas de ser madre, Lactancia, Llanto del bebé, Parto, Publicaciones en revistas
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lunes, 16 de noviembre de 2009
Convertirse en papá, un gran desafío.
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Etiquetas: Cosas de ser madre, Papás, Publicaciones en revistas, Reflexiones personales
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Cuánta emoción sentimos cuando nos enteramos que vamos a ser papás. Aunque nos tome por sorpresa, o sea algo buscado y deseado por mucho tiempo, esta noticia transformará nuestras vidas. Comienza un nuevo proyecto, un nuevo camino a transitar: convertirnos en mamás y papás.
El concepto de “ser madre” y lo que esto implica ha ido cambiando a lo largo de los años. La maternidad se ha ido ajustando a los cambios culturales. Pensemos en las mujeres hace 50 o 60 años, pocas eran las mamás que salían a trabajar, se compartía la maternidad con abuelas, primas, hermanas ya que por lo general vivían más cerca entre ellas, existía otra estructura y sostén familiar.
En la actualidad la maternidad se vive de forma diferente. Las mamás trabajamos hasta casi las 40 semanas de embarazo, y a los tres meses de nacido el bebé, cuando no antes, retomamos las actividades. A lo largo de los años las mujeres han logrado “separarse” del hogar, independizándose económicamente y obteniendo otros logros personales más allá de la maternidad.
Inevitablemente, esta evolución de la maternidad produce un cambio en el rol del padre, en sus tareas y en su forma de vivirla.
Si hacemos el mismo ejercicio con la paternidad, y pensamos en los hombres hace 50 o 60 años, nos encontramos con papás que esperaban fuera de la sala de partos. No se les ocurría la idea de presenciar el nacimiento de su hijo, simplemente no existía como posibilidad, ya que el nacimiento era “cosa de mujeres”. Cual película, podemos imaginarlos en la sala de espera, con cigarro en mano, esperando la gran noticia: “es varón”, “es una niña”. Asimismo, no participaban de los cuidados del bebé, no formaba parte de la paternidad el cambiar pañales, ir a clases de parto, o calmar cólicos.
Los papás no han tenido opción en esta evolución a lo largo de la historia. Hoy en día se les exige una participación activa en el embarazo, parto y puerperio. Los papás más jóvenes encuentran que es casi una obligación entrar a la sala de partos, y si expresan sus miedos o dudas en entrar, se los mira con desaprobación: “¿cómo no vas a ver a tu hijo nacer?”. Está claro que no deja de ser una oportunidad preciosa, que la mayoría de los papás desean y buscan. Pero no olvidemos que esto es relativamente nuevo, no siempre los hombres presenciaron los partos.
Cosa similar sucede con las clases de parto. En estas vemos papás interesados, que quieren aprender y saber todo lo que le va a pasar a su pareja; pero también encontramos papás que preferirían estar en otro lugar, que les producen rechazo los temas del parto, y si pudieran elegir con total libertad, seguramente elegirían no participar. Aquí hay que tener mucho cuidado, porque algo que debería ser placentero y disfrutable, puede pasar a vivirse como una exigencia negativa.
Generalmente, el rol de padre se construye más lentamente que el de mamá. La mujer tiene la oportunidad de sentir a su bebé moverse en su vientre, además de cambios fisiológicos que favorecen que el cuerpo se adapte a la llegada del bebé. Existe un vínculo real, previo, entre la mamá y el bebé.
Sin embrago, a pesar de que el papá puede ver y sentir los movimientos de la panza, le resulta más lento el proceso de construcción de la paternidad. Es ese momento hermoso en donde sentimos llorar y vemos a nuestro hijo, en donde el bebé pasa a ser algo real y tangible, y el hombre se enfrenta a la realidad concreta de la paternidad.
A pesar de que es un proceso más lento, el embarazo de su pareja no pasa desapercibido en el hombre. Hay teorías que hablan de cambios fisiológicos en el papá, que producen síntomas parecidos a los del embarazo en la mujer, se denomina Síndrome de Couvade. Los diferentes trabajos de investigación sobre este tema indican que el síndrome aparece del 10% al 65% de los esposos "gestantes" y se estima que 1 de cada 4 hombres llegan a consultar al médico. Entre los síntomas encontramos: Cambios de humor, Náuseas, Vómitos, Antojos, Aumento de peso, Cansancio, Presión arterial baja, Calambres en las piernas, Dolores abdominales similares a las contracciones uterinas.
Asimismo, el papá va a transitar por sus propios miedos y fantasías. Se produce un cambio generacional, sus padres pasan a ser abuelos, y esto implica un replanteo de la relación. Comienza a pensarlos de otra manera, cuestionando cómo fueron ellos como padres, y valorando elementos que antes no consideraba. El hombre comienza a cuestionarse ¿Cómo quiero ser como papá? Creando su propio modelo de padre.
Surgen inquietudes que a veces se manejan de forma conciente y otras no. Algunos hombres refieren un sentimiento de hiper-responsabilidad frente a los desafíos que plantea una nueva familia. Responsabilidad de mantenerlos económicamente, el sostén emocional, entre otras fantasías.
Todos estos sentimientos que transita el papá, por lo general están en un segundo plano, ya que toda la atención se centra en la mamá embarazada, o en el bebé cuando nace. Socialmente, se le pide al papá que participe activamente del proceso de embarazo, que presencie y acompañe en el parto, y finalmente que atienda y colabore con la mamá y el bebé. Tiene una presencia más activa y participativa, pero con pocas gratificaciones o consideraciones del entorno. Esto lo podemos ver en nuestras tradiciones, cuando nace un bebé, se tiende a ir a visitarlo llevando un regalo para el bebé, muchos también llevan algo para la mamá, pocos consideran al papá.
En conclusión, el rol del padre ha ido cambiando a lo largo de la historia, convirtiéndose actualmente en un papel más activo y presente en el proceso de embarazo, parto y puerperio. Sin embargo, esta evolución positiva ha olvidado la parte afectiva del papá. Es mi anhelo que los lectores de este artículo tengan una nueva mirada hacia los recientes papás, vamos a mimarlos y considerarlos, ellos también están cansados y necesitan un regalo.
sábado, 24 de octubre de 2009
Lactancia: claves del éxito
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Etiquetas: Cosas de ser madre, Lactancia, Publicaciones en revistas, Relación madre-bebé
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Por alguna razón, tenemos la idea de que aquello que es costoso económicamente debe de ser de buena calidad, o tener cualidades que ameriten su alto costo. Sin embargo, la naturaleza nos asombra en este aspecto. Existen varios laboratorios que se han esmerado, a lo largo de los últimos años, para crear una fórmula lo más similar posible a la leche materna. La ciencia va avanzando y se va perfeccionando, pero resulta imposible crear un alimento tan único y de inmejorable calidad, como lo es la leche materna. Y lo curioso es que es gratis.
Cada mujer produce la leche justa y necesaria para el hijo/a al que está dirigida. El embarazo prepara el cuerpo de la madre para que continúe nutriendo al recién nacido, como lo hacía dentro del útero. Algunas personas dicen que la leche materna sería la continuación del cordón umbilical, en el sentido del cuidado y protección que reciben los bebés a través del mismo. Ofrece una alimentación y nutrición equilibradas; es la primer “vacuna” que recibe el niño, ya que los anticuerpos de la leche materna le protegen del contagio de muchas enfermedades (infecciones respiratorias, de oído y urinarias) y fortalecen sus defensas; y como si fuera poco, el efecto se prolonga después de terminar la lactancia.
Se sabe que la leche que una mujer produce varía de acuerdo al hijo a la cual está dirigida. Pero además, varía de acuerdo a la edad que tenga el mismo, así como también varía a lo largo del día, y en una misma mamada. La leche que sale al comienzo de la mamada contiene más agua, y la que sale al final de la misma tiene mayor contenido graso.
También nos encontramos con una leche diferente cuando el bebé es Recién Nacido (donde es su único nutriente), que cuando tiene 6 meses (donde comienza a requerir otro tipo de alimentación complementaria).
Con todas estas características y versatilidad de la leche materna, resulta entendible el por qué ha sido difícil producir artificialmente una fórmula exactamente igual.
Asimismo, a pesar de que sus beneficios son conocidos por gran parte de la población, es llamativo que actualmente solo el 28% de los bebés uruguayos sean alimentados con leche materna de forma exclusiva, durante los primeros seis meses de vida (como indica la última Encuesta Nacional de Lactancia Materna).
Es que amamantar puede ser más complejo de lo que parece. No todas las mujeres se enfrentan a su recién nacido con la información suficiente para tener una lactancia exitosa. A algunas les puede resultar simple, mientras que para otras puede ser una tarea ardua, al punto de abandonar la lactancia.
Podemos entender esta realidad si pensamos en que la lactancia materna tiene 3 grandes pilares que la sostienen: el aspecto biológico, el social y el emocional.
Desde el punto de vista biológico, a no ser por patologías no comunes, todas las mujeres estaríamos capacitadas para amamantar. En situaciones físicas normales, todas las madres producimos leche que se ajusta a las necesidades de nuestros bebés. Es un mito lo que ciertas veces escuchamos: “mi leche no es buena”. Por el contrario, la leche materna no sólo tiene los nutrientes indicados para el bebé, sino que también le aporta la inmunización de la madre, lo cual lo protege de las enfermedades del entorno.
Asimismo, puede suceder que nos parezca que el bebé se quede con hambre. Inmediatamente surgen los comentarios: “no tengo leche”, o “se me está yendo la leche”. Ante esta situación, por lo general, se recurre a la mamadera. Pero la idea de que una mujer amamantando se queda sin leche constituye otro mito. La lactancia materna se rige por la ley de “mayor estimulación = mayor producción”. Cuando el bebé mama a demanda, él mismo va a regular la cantidad y la regularidad con la que toma. El pecho simplemente va a producir aquello que la succión del bebé le indica que produzca.
Es importante entender el concepto de amamantar a demanda. Hace varios años se descartó el mito de que los bebés debían mamar diez minutos de cada pecho, cada 3 horas. La declaración Conjunta OMS/UNICEF (1989) y la Sociedad Uruguaya De Pediatría indican la importancia de fomentar la Lactancia Materna a libre demanda. Recordemos que la leche materna tiene mayor contenido de agua al principio, y con mayor contenido graso al final de la mamada (de un mismo seno). Cuando el bebé toma a demanda, él mismo va a regular la cantidad de leche que toma. Si lo quitamos de la mama a los diez minutos, puede que no alcance a tomar la leche con mayor grasa del final. Hay bebés que toman 5 minutos de un pecho y quedan satisfechos, mientras hay otros que pueden estar media hora en un mismo pecho. Esto es variable de bebé a bebé, y también en un mismo niño puede ir cambiando a lo largo del tiempo.
Igualmente, puede suceder que aparezcan grietas o ciertos dolores durante el amamantamiento. Pero esto se debe a una incorrecta colocación. Es importante que el bebé ocupe con su boca la mayor parte de la aureola, y que no agarre solo el pezón.
Además su cuerpo debe estar bien enfrentado al cuerpo de su mamá, en la posición clásica denominada “panza contra panza”.
Por otro lado, tenemos el aspecto social de la lactancia materna. Esto refiere a aquellas cosas del entorno que fomentan o interfieren en el amamantamiento. Por ejemplo, las leyes sociales que amparan a la mujer que amamanta. Entre ellas se destacan:
- Ley N° 16.104, que rige la licencia de trece semanas por maternidad en empleadas públicas, y la Ley N° 15084 que refiere a las empleadas privadas.
- El Decreto 1/6/54 indica dos descansos de media hora, cuando la mujer está amamantando, durante un lapso fijado por el Instituto Nacional del Menor a través de sus servicios médicos.
Las mujeres que trabajan se encuentran con la realidad de tener que volver a sus tareas a los dos meses y medio de haber nacido el bebé. Esta realidad social dificulta el sostenimiento de la lactancia materna exclusiva, ya que por lo general son jornadas de más de 4 horas. Para aquellas mujeres que desean continuar amamantando, se recomienda que no pasen más de 3-4 horas sin extraerse leche. Recordemos que a mayor estimulación, mayor producción, por lo que si una madre pasa demasiadas horas sin extraerse leche, su cuerpo va a reaccionar produciendo menos.
Otro elemento que refiere al aspecto social, es que en nuestra cultura, no se acostumbra a amamantar abiertamente. Tenemos un índice bajo de amamantamiento exclusivo, y por nuestra idiosincrasia, a muchas mujeres les da pudor desnudar su pecho en público. También podemos encontrar personas a las que les resulte grosero ver a una mujer amamantar. Esto no es menor, porque se supone que la lactancia materna es algo natural, que debería transmitirse de generación en generación. Pero cuando de niñas no vemos a nuestras madres, tías, vecinas amamantar; de adultas no sabemos cómo hacerlo. Es común ver a una niña jugar con un bebé de juguete y su mamadera; pero difícilmente vemos a una niña jugando a amamantar.
Finalmente, en lo que entiendo es el aspecto más importante de la lactancia materna, encontramos el área emocional. Amamantar es una decisión. Por más que nuestro cuerpo produzca leche, por más que tengamos un entorno extremadamente favorecedor, si la mujer no desea amamantar a su bebé, eventualmente la lactancia se detiene. Amamantar implica voluntad. Quien tiene la capacidad de hacerlo es la mujer. La pareja, o la familia puede colaborar cambiando al bebé, consolándolo y muchas otras tareas, pero quien debe ESTAR cada hora y media, dos, tres horas ofreciendo su pecho, es la mujer. El primer mes puede resultar difícil. Todos se están acomodando a la llegada del nuevo integrante. También el cuerpo de la mujer se está ajustando para producir la cantidad de leche que el bebé requiere. Es un juego de demanda-producción que tiene que aceitarse. En el correr de los meses va resultando más simple.
También aquí se ponen en juego elementos de la historia personal de la mujer. El área emocional no siempre es entendible desde lo racional; muchas veces es difícil poner en palabras lo que la mujer siente. Aquella mujer que por cualquier razón no puede amamantar a su bebé, no debe de sentirse culpable. Hoy en día existen elementos que sustituyen la lactancia materna en caso de ser necesario, y si para una mujer el amamantar se convierte en una tortura, seguramente sea más beneficiosos, desde lo emocional, el poder dar una mamadera con mayor ternura y disfrute.
De todas formas, aquella mujer que desea amamantar, cuenta con una de las principales herramientas para lograr una la lactancia materna exitosa: la voluntad.
Es importante el apoyo que la mujer pueda recibir, ya sea del equipo de salud, como de personas capacitadas para ello. Asimismo de su familia, amigas, tías, pareja. Amamantar es un arte, que implica aprendizaje, tiempo y perseverancia.
En conclusión, la lactancia materna tiene múltiples beneficios: aporta los nutrientes justos y necesarios para el bebé, lo inmuniza contra las enfermedades del entorno y genera un vínculo especial con la madre. También existen dificultades que pueden obstaculizar esta tarea. Pero cuando la mujer siente cómo su propio cuerpo produce el alimento para su bebé, cuando ve cómo su hijo/a toma y cómo ayuda a su crecimiento y desarrollo. Es entonces, cuando todos los beneficios y dificultades de la lactancia materna pasan a un segundo plano, y la mujer se queda con la satisfacción de tener a su bebé en brazos, satisfecho por su propia leche.
Claudia López
Licenciada en Psicología
Más información:
La Liga de la Leche Internacional: http://www.llli.org
Cada mujer produce la leche justa y necesaria para el hijo/a al que está dirigida. El embarazo prepara el cuerpo de la madre para que continúe nutriendo al recién nacido, como lo hacía dentro del útero. Algunas personas dicen que la leche materna sería la continuación del cordón umbilical, en el sentido del cuidado y protección que reciben los bebés a través del mismo. Ofrece una alimentación y nutrición equilibradas; es la primer “vacuna” que recibe el niño, ya que los anticuerpos de la leche materna le protegen del contagio de muchas enfermedades (infecciones respiratorias, de oído y urinarias) y fortalecen sus defensas; y como si fuera poco, el efecto se prolonga después de terminar la lactancia.
Se sabe que la leche que una mujer produce varía de acuerdo al hijo a la cual está dirigida. Pero además, varía de acuerdo a la edad que tenga el mismo, así como también varía a lo largo del día, y en una misma mamada. La leche que sale al comienzo de la mamada contiene más agua, y la que sale al final de la misma tiene mayor contenido graso.
También nos encontramos con una leche diferente cuando el bebé es Recién Nacido (donde es su único nutriente), que cuando tiene 6 meses (donde comienza a requerir otro tipo de alimentación complementaria).
Con todas estas características y versatilidad de la leche materna, resulta entendible el por qué ha sido difícil producir artificialmente una fórmula exactamente igual.
Asimismo, a pesar de que sus beneficios son conocidos por gran parte de la población, es llamativo que actualmente solo el 28% de los bebés uruguayos sean alimentados con leche materna de forma exclusiva, durante los primeros seis meses de vida (como indica la última Encuesta Nacional de Lactancia Materna).
Es que amamantar puede ser más complejo de lo que parece. No todas las mujeres se enfrentan a su recién nacido con la información suficiente para tener una lactancia exitosa. A algunas les puede resultar simple, mientras que para otras puede ser una tarea ardua, al punto de abandonar la lactancia.
Podemos entender esta realidad si pensamos en que la lactancia materna tiene 3 grandes pilares que la sostienen: el aspecto biológico, el social y el emocional.
Desde el punto de vista biológico, a no ser por patologías no comunes, todas las mujeres estaríamos capacitadas para amamantar. En situaciones físicas normales, todas las madres producimos leche que se ajusta a las necesidades de nuestros bebés. Es un mito lo que ciertas veces escuchamos: “mi leche no es buena”. Por el contrario, la leche materna no sólo tiene los nutrientes indicados para el bebé, sino que también le aporta la inmunización de la madre, lo cual lo protege de las enfermedades del entorno.
Asimismo, puede suceder que nos parezca que el bebé se quede con hambre. Inmediatamente surgen los comentarios: “no tengo leche”, o “se me está yendo la leche”. Ante esta situación, por lo general, se recurre a la mamadera. Pero la idea de que una mujer amamantando se queda sin leche constituye otro mito. La lactancia materna se rige por la ley de “mayor estimulación = mayor producción”. Cuando el bebé mama a demanda, él mismo va a regular la cantidad y la regularidad con la que toma. El pecho simplemente va a producir aquello que la succión del bebé le indica que produzca.
Es importante entender el concepto de amamantar a demanda. Hace varios años se descartó el mito de que los bebés debían mamar diez minutos de cada pecho, cada 3 horas. La declaración Conjunta OMS/UNICEF (1989) y la Sociedad Uruguaya De Pediatría indican la importancia de fomentar la Lactancia Materna a libre demanda. Recordemos que la leche materna tiene mayor contenido de agua al principio, y con mayor contenido graso al final de la mamada (de un mismo seno). Cuando el bebé toma a demanda, él mismo va a regular la cantidad de leche que toma. Si lo quitamos de la mama a los diez minutos, puede que no alcance a tomar la leche con mayor grasa del final. Hay bebés que toman 5 minutos de un pecho y quedan satisfechos, mientras hay otros que pueden estar media hora en un mismo pecho. Esto es variable de bebé a bebé, y también en un mismo niño puede ir cambiando a lo largo del tiempo.
Igualmente, puede suceder que aparezcan grietas o ciertos dolores durante el amamantamiento. Pero esto se debe a una incorrecta colocación. Es importante que el bebé ocupe con su boca la mayor parte de la aureola, y que no agarre solo el pezón.
Además su cuerpo debe estar bien enfrentado al cuerpo de su mamá, en la posición clásica denominada “panza contra panza”.
Por otro lado, tenemos el aspecto social de la lactancia materna. Esto refiere a aquellas cosas del entorno que fomentan o interfieren en el amamantamiento. Por ejemplo, las leyes sociales que amparan a la mujer que amamanta. Entre ellas se destacan:
- Ley N° 16.104, que rige la licencia de trece semanas por maternidad en empleadas públicas, y la Ley N° 15084 que refiere a las empleadas privadas.
- El Decreto 1/6/54 indica dos descansos de media hora, cuando la mujer está amamantando, durante un lapso fijado por el Instituto Nacional del Menor a través de sus servicios médicos.
Las mujeres que trabajan se encuentran con la realidad de tener que volver a sus tareas a los dos meses y medio de haber nacido el bebé. Esta realidad social dificulta el sostenimiento de la lactancia materna exclusiva, ya que por lo general son jornadas de más de 4 horas. Para aquellas mujeres que desean continuar amamantando, se recomienda que no pasen más de 3-4 horas sin extraerse leche. Recordemos que a mayor estimulación, mayor producción, por lo que si una madre pasa demasiadas horas sin extraerse leche, su cuerpo va a reaccionar produciendo menos.
Otro elemento que refiere al aspecto social, es que en nuestra cultura, no se acostumbra a amamantar abiertamente. Tenemos un índice bajo de amamantamiento exclusivo, y por nuestra idiosincrasia, a muchas mujeres les da pudor desnudar su pecho en público. También podemos encontrar personas a las que les resulte grosero ver a una mujer amamantar. Esto no es menor, porque se supone que la lactancia materna es algo natural, que debería transmitirse de generación en generación. Pero cuando de niñas no vemos a nuestras madres, tías, vecinas amamantar; de adultas no sabemos cómo hacerlo. Es común ver a una niña jugar con un bebé de juguete y su mamadera; pero difícilmente vemos a una niña jugando a amamantar.
Finalmente, en lo que entiendo es el aspecto más importante de la lactancia materna, encontramos el área emocional. Amamantar es una decisión. Por más que nuestro cuerpo produzca leche, por más que tengamos un entorno extremadamente favorecedor, si la mujer no desea amamantar a su bebé, eventualmente la lactancia se detiene. Amamantar implica voluntad. Quien tiene la capacidad de hacerlo es la mujer. La pareja, o la familia puede colaborar cambiando al bebé, consolándolo y muchas otras tareas, pero quien debe ESTAR cada hora y media, dos, tres horas ofreciendo su pecho, es la mujer. El primer mes puede resultar difícil. Todos se están acomodando a la llegada del nuevo integrante. También el cuerpo de la mujer se está ajustando para producir la cantidad de leche que el bebé requiere. Es un juego de demanda-producción que tiene que aceitarse. En el correr de los meses va resultando más simple.
También aquí se ponen en juego elementos de la historia personal de la mujer. El área emocional no siempre es entendible desde lo racional; muchas veces es difícil poner en palabras lo que la mujer siente. Aquella mujer que por cualquier razón no puede amamantar a su bebé, no debe de sentirse culpable. Hoy en día existen elementos que sustituyen la lactancia materna en caso de ser necesario, y si para una mujer el amamantar se convierte en una tortura, seguramente sea más beneficiosos, desde lo emocional, el poder dar una mamadera con mayor ternura y disfrute.
De todas formas, aquella mujer que desea amamantar, cuenta con una de las principales herramientas para lograr una la lactancia materna exitosa: la voluntad.
Es importante el apoyo que la mujer pueda recibir, ya sea del equipo de salud, como de personas capacitadas para ello. Asimismo de su familia, amigas, tías, pareja. Amamantar es un arte, que implica aprendizaje, tiempo y perseverancia.
En conclusión, la lactancia materna tiene múltiples beneficios: aporta los nutrientes justos y necesarios para el bebé, lo inmuniza contra las enfermedades del entorno y genera un vínculo especial con la madre. También existen dificultades que pueden obstaculizar esta tarea. Pero cuando la mujer siente cómo su propio cuerpo produce el alimento para su bebé, cuando ve cómo su hijo/a toma y cómo ayuda a su crecimiento y desarrollo. Es entonces, cuando todos los beneficios y dificultades de la lactancia materna pasan a un segundo plano, y la mujer se queda con la satisfacción de tener a su bebé en brazos, satisfecho por su propia leche.
Claudia López
Licenciada en Psicología
Más información:
La Liga de la Leche Internacional: http://www.llli.org
El parto, ¿es sólo un día en la vida de una mujer?
La importancia del acompañamiento
El trabajo de parto y parto es un momento de extrema sensibilidad y vulnerabilidad para la mamá y su familia. En Uruguay, una mujer tendrá, en promedio, dos hijos en su vida. Por lo que el momento del parto no es un día “cualquiera”, si no que quedará presente en su memoria.
En el año 1991, la Doula Penny Simpkins publicó una investigación sobre el impacto emocional del parto en un grupo de mujeres, a las cuales les realizaron entrevistas en distintos lapsos de tiempo. Los resultados que obtuvieron indican que las memorias del parto se recuerdan de forma vívida aún 15 o 20 años después.
Concluyeron que una experiencia de parto satisfactoria, sin medicar y bien acompañada (contenida), puede ser una influencia positiva para el resto de la vida de la mujer.
Para que la experiencia del parto sea una memoria positiva, es imprescindible que la mujer se sienta segura y tranquila. Muchas veces, en la urgencia de cuidar la salud física del bebé y la mamá, se puede desatender el aspecto emocional. Para que la mujer transite la experiencia de la mejor forma posible, es indicado que alguien de su confianza pueda acompañarla durante el proceso, para darle aliento, contenerla y apoyarla. La Organización Mundial de la Salud describe que: “Las mujeres que recibieron apoyo continuo y personalizado durante el parto tuvieron más probabilidades de tener un trabajo de parto levemente más corto, un parto vaginal espontáneo y no tuvieron la necesidad de usar analgesia o anestesia. También mostraron una menor tendencia a expresar disconformidad con relación a la experiencia del parto”.
Desde el 15 de agosto del año 2001 existe en Uruguay la Ley 17.386 en la cual se dispone que: “toda mujer durante el tiempo que dura el trabajo de parto, incluyendo el momento del nacimiento, tendrá derecho a estar acompañada de una persona de su confianza o en su defecto, a su libre elección de una especialmente entrenada para darle apoyo emocional”. Esta disposición es válida independientemente si el parto es vaginal o por cesárea. El Ministerio de Salud Pública (MSP) es quien vela para que se cumpla esta ley, la cual comúnmente es llamada Ley de Acompañamiento. Es importante que la mujer esta informada al respecto para poder reclamarla, y en caso de que no se cumpla, realizar la denuncia correspondiente.
Al mismo tiempo, en sintonía con las inquietudes que se estaban gestando en el país, comienzan los inicios el Instituto Perinatal del Uruguay (IPU). Institución sin fines de lucro que se consolida en el 2005, cuya misión es promover la investigación, educación y asistencia integral en el área materno infantil, de acuerdo a la mejor evidencia científica existente en investigaciones de las ciencias médicas y sociales. Todos los proyectos apoyados están en sintonía con la misión institucional y buscan promover el mejoramiento de los servicios de salud materno infantiles, en particular aquellos dirigidos a los sectores más vulnerables de la sociedad uruguaya. En esta línea, el IPU es la única institución con un programa de Doulas Comunitarias, brindando formación y servicio.
La palabra DOULA deriva del griego antiguo y significa “sirviente de la mujer”. Actualmente se utiliza para referirse a una mujer experimentada en el parto, que a la futura madre proporciona: información y apoyo continúo en los aspectos físicos y emocionales, antes, durante y después del parto.
Una doula del nacimiento:
. Reconoce el nacimiento de un hijo como una experiencia clave que la madre recordará toda su vida.
. Entiende la fisiología del nacimiento y las necesidades emocionales de la mujer que se encuentra en trabajo de parto
. Ayuda a la mujer y a su compañero a prepararse y seguir sus planes para el parto.
. Permanece con la embarazada hasta que su trabajo de parto termina.
. Proporciona apoyo emocional, medidas físicas de comodidad y da un punto de vista objetivo, ayudando a la madre y su referente afectivo a obtener la información necesaria par tomar decisiones adecuadas.
. Facilita la comunicación entre: la mujer que está en trabajo de parto, su compañero y los proveedores de los servicios de salud.
En el Uruguay este nuevo rol se viene desempeñando desde hace dos años, y fue reconocido en las “Normas de atención a la mujer en el proceso de Parto y Puerperio”, publicadas por el MSP en el año 2008.
TESTIMONIO de una DOULA:
La experiencia de acompañar a una embarazada y su acompañante ha sido y es algo sumamente emocionante. Desde nuestro rol, la aceptación por parte de ellos de que los acompañemos en un momento tan importante e íntimo de sus vidas, es algo que nos obliga desde el espíritu a ser sumamente respetuosas. La intensidad con la que vive una mujer en esas horas nos renueva la fuerza femenina, nos renueva la esperanza en el poder de parir que tenemos todas las mujeres, y nos recuerda que el acto de parir – nacer es una CELEBRACIÓN y debe ser vivida de esa manera. Allí la Doula es la que vela por que se viva plenamente esa Celebración, el recibimiento a ese nuevo ser a este mundo. Que prime la fuerza, esperanza, alegría y emoción de haber engendrado y parido a un HIJO. Luego ya los tres juntos, sonrientes, agotados de tal tarea, la doula cuidadosamente permite que vivan en intimidad sus emociones, sus caricias, mimos... Al retirarse la Doula, sale a despertar al mundo, a gritar a vivas voces que alguien más está entre nosotros y que nuevamente una mujer a sacado de sus entrañas el poder femenino de parir, y el referente afectivo supo estar firme y sólido al momento de dar una mano, al respirar juntos, al llorar juntos la llegada de ese niño.
El acompañar es la tarea más bella que he vivido
Myriam Álvez
Coordinadora del Programa de Doulas Comunitarias
Claudia López
Lic. en Psicología
Instituto Perinatal del Uruguay
www.institutoperinatal.org.uy
El trabajo de parto y parto es un momento de extrema sensibilidad y vulnerabilidad para la mamá y su familia. En Uruguay, una mujer tendrá, en promedio, dos hijos en su vida. Por lo que el momento del parto no es un día “cualquiera”, si no que quedará presente en su memoria.
En el año 1991, la Doula Penny Simpkins publicó una investigación sobre el impacto emocional del parto en un grupo de mujeres, a las cuales les realizaron entrevistas en distintos lapsos de tiempo. Los resultados que obtuvieron indican que las memorias del parto se recuerdan de forma vívida aún 15 o 20 años después.
Concluyeron que una experiencia de parto satisfactoria, sin medicar y bien acompañada (contenida), puede ser una influencia positiva para el resto de la vida de la mujer.
Para que la experiencia del parto sea una memoria positiva, es imprescindible que la mujer se sienta segura y tranquila. Muchas veces, en la urgencia de cuidar la salud física del bebé y la mamá, se puede desatender el aspecto emocional. Para que la mujer transite la experiencia de la mejor forma posible, es indicado que alguien de su confianza pueda acompañarla durante el proceso, para darle aliento, contenerla y apoyarla. La Organización Mundial de la Salud describe que: “Las mujeres que recibieron apoyo continuo y personalizado durante el parto tuvieron más probabilidades de tener un trabajo de parto levemente más corto, un parto vaginal espontáneo y no tuvieron la necesidad de usar analgesia o anestesia. También mostraron una menor tendencia a expresar disconformidad con relación a la experiencia del parto”.
Desde el 15 de agosto del año 2001 existe en Uruguay la Ley 17.386 en la cual se dispone que: “toda mujer durante el tiempo que dura el trabajo de parto, incluyendo el momento del nacimiento, tendrá derecho a estar acompañada de una persona de su confianza o en su defecto, a su libre elección de una especialmente entrenada para darle apoyo emocional”. Esta disposición es válida independientemente si el parto es vaginal o por cesárea. El Ministerio de Salud Pública (MSP) es quien vela para que se cumpla esta ley, la cual comúnmente es llamada Ley de Acompañamiento. Es importante que la mujer esta informada al respecto para poder reclamarla, y en caso de que no se cumpla, realizar la denuncia correspondiente.
Al mismo tiempo, en sintonía con las inquietudes que se estaban gestando en el país, comienzan los inicios el Instituto Perinatal del Uruguay (IPU). Institución sin fines de lucro que se consolida en el 2005, cuya misión es promover la investigación, educación y asistencia integral en el área materno infantil, de acuerdo a la mejor evidencia científica existente en investigaciones de las ciencias médicas y sociales. Todos los proyectos apoyados están en sintonía con la misión institucional y buscan promover el mejoramiento de los servicios de salud materno infantiles, en particular aquellos dirigidos a los sectores más vulnerables de la sociedad uruguaya. En esta línea, el IPU es la única institución con un programa de Doulas Comunitarias, brindando formación y servicio.
La palabra DOULA deriva del griego antiguo y significa “sirviente de la mujer”. Actualmente se utiliza para referirse a una mujer experimentada en el parto, que a la futura madre proporciona: información y apoyo continúo en los aspectos físicos y emocionales, antes, durante y después del parto.
Una doula del nacimiento:
. Reconoce el nacimiento de un hijo como una experiencia clave que la madre recordará toda su vida.
. Entiende la fisiología del nacimiento y las necesidades emocionales de la mujer que se encuentra en trabajo de parto
. Ayuda a la mujer y a su compañero a prepararse y seguir sus planes para el parto.
. Permanece con la embarazada hasta que su trabajo de parto termina.
. Proporciona apoyo emocional, medidas físicas de comodidad y da un punto de vista objetivo, ayudando a la madre y su referente afectivo a obtener la información necesaria par tomar decisiones adecuadas.
. Facilita la comunicación entre: la mujer que está en trabajo de parto, su compañero y los proveedores de los servicios de salud.
En el Uruguay este nuevo rol se viene desempeñando desde hace dos años, y fue reconocido en las “Normas de atención a la mujer en el proceso de Parto y Puerperio”, publicadas por el MSP en el año 2008.
TESTIMONIO de una DOULA:
La experiencia de acompañar a una embarazada y su acompañante ha sido y es algo sumamente emocionante. Desde nuestro rol, la aceptación por parte de ellos de que los acompañemos en un momento tan importante e íntimo de sus vidas, es algo que nos obliga desde el espíritu a ser sumamente respetuosas. La intensidad con la que vive una mujer en esas horas nos renueva la fuerza femenina, nos renueva la esperanza en el poder de parir que tenemos todas las mujeres, y nos recuerda que el acto de parir – nacer es una CELEBRACIÓN y debe ser vivida de esa manera. Allí la Doula es la que vela por que se viva plenamente esa Celebración, el recibimiento a ese nuevo ser a este mundo. Que prime la fuerza, esperanza, alegría y emoción de haber engendrado y parido a un HIJO. Luego ya los tres juntos, sonrientes, agotados de tal tarea, la doula cuidadosamente permite que vivan en intimidad sus emociones, sus caricias, mimos... Al retirarse la Doula, sale a despertar al mundo, a gritar a vivas voces que alguien más está entre nosotros y que nuevamente una mujer a sacado de sus entrañas el poder femenino de parir, y el referente afectivo supo estar firme y sólido al momento de dar una mano, al respirar juntos, al llorar juntos la llegada de ese niño.
El acompañar es la tarea más bella que he vivido
Myriam Álvez
Coordinadora del Programa de Doulas Comunitarias
Claudia López
Lic. en Psicología
Instituto Perinatal del Uruguay
www.institutoperinatal.org.uy
Parir por cesárea: Repercusiones emocionales en la mamá.
A algunas mujeres se nos presentan dificultades en el momento del trabajo de parto, o antes de mismo, que obligan a los profesionales de la salud a decidir realizar una cesárea. Afortunadamente existe esta alternativa al parto vaginal. Dicha operación ha salvado vidas de mujeres y bebés durante años. Sin embargo, difícilmente se reconocen las repercusiones afectivas para la mamá.
Todas las mujeres somos distintas y vamos a vivir de diferente manera el nacimiento de cada hijo. Esto sucede con las cesáreas. Si bien, para algunas mujeres parece no tener ninguna consecuencia emocional, para otras puede ser una experiencia traumática; ello va a depender de distintos elementos. Desde el punto de vista obstétrico, es distinto si fue una cesárea de emergencia o si fue programada, donde la mamá tiene más tiempo para prepararse emocionalmente. Si fue de emergencia, dependerá de cómo se presenta la misma, de cómo fue el trabajo de parto, en qué momento se realiza la cesárea. A ello se le suman los elementos personales de la mamá; sus expectativas, sus anhelos, sus fantasías sobre el nacimiento de su bebé. Una mamá que se ha preparado durante el embarazo para un parto vaginal, y no concibe otra posibilidad, seguramente encuentre difícil asimilar la situación de una cesárea. El personal de salud y el tipo de atención que se reciba, sin duda influirán en la vivencia de la experiencia.
Hablamos de “herida emocional” como la marca afectiva resultante de la cesárea. Es un dolor muchas veces silenciado y que resulta difícil de “curar”. En ocasiones reaparece años después, cuando la mamá considera un nuevo embarazo; se encuentra entonces, con una sensación de malestar y no puede identificar su origen. Se produce un duelo que es necesario transitar y surgen diversas preguntas, “¿Por qué yo no pude parir?” “¿Tendré algo mal?” Se escuchan frases como: “Nunca voy a saber qué se siente parir”. Lo importante aquí es que la mamá sepa que es un proceso normal. A veces tenemos la sensación de que somos las únicas que nos pasan las cosas, pero la realidad es que hay muchas otras mamás viviendo lo mismo.
Las consecuencias emocionales dependerán de cómo vivió la mamá la cesárea. Para algunas mujeres puede ser una experiencia traumática que necesitan contar. Desde el punto de vista médico y social, se valora la salud física. Escuchamos frases como: “Lo importante es que tú y el bebé están bien”. Esto es correcto y no deja de ser muy primordial, pero anula los sentimientos negativos que se pueden generar. Las mamás que tienen sus hijos por cesárea pueden encontrar difícil expresar la experiencia. Por lo general el nacimiento es una celebración, la familia está presente, y todos están felices; por lo que no es fácil, en este ambiente, contar las emociones contradictorias. Es normal que estas aparezcan, y no tienen nada que ver con ser una “mala mamá” o con no querer a nuestro bebé. Es importante evitar silenciar estas expresiones, como también evitar minimizar lo sucedido. Algunas mujeres no tienen estas vivencias, pero otras sí y necesitan expresarlo. Para esto tiene que haber personas dispuestas a escucharla y comprenderla, sin fomentar sentimientos de culpabilidad. La familia y amigos pueden ayudar; hacerle saber que lo que le sucede es normal calma angustias. De todas formas, siempre hay que estar atentos ante señales que indiquen la necesidad de contactar a un profesional pertinente. También se puede acudir a grupos de apoyo, en donde la mamá puede compartir con pares situaciones similares y sentirse comprendida.
¿Qué se puede hacer para atenuar las consecuencias?
Podemos pensar en elementos que atenúan las consecuencias emocionales; uno de ellos es la necesidad de la mamá de estar acompañada durante la operación. Recordemos que existe la Ley 17.386 que ampara a la mujer y le permite tener una persona de su elección dentro del quirófano. Durante la intervención, la mamá está desnuda, generalmente con los brazos sujetados y tiene un campo que no le permite ver lo que sucede. Los médicos están uniformados y con tapa boca. Esta situación resulta muy extraña; un momento que debería de ser cálido y lleno de amor, en el quirófano se torna frío y distante. Por lo general los médicos no hablan, ya que están concentrados en la operación. Es natural que la mujer esté nerviosa y ansiosa por saber cómo está su bebé. Sin duda, en este contexto, es fundamental que haya alguien de su confianza, que le tome la mano y le vaya diciendo cómo está todo.
Asimismo, es importante que al nacer le muestren el bebé y lo acerquen a su mamá; de ser posible, que se libere uno de sus brazos para así acariciarlo. Son pequeños detalles que no obstaculizan el acto quirúrgico y marcan una gran diferencia emocional para la mamá.
Haya sido con anestesia general o raquídea, la mamá y el bebé van a estar alejados los primeros minutos de vida. Aquí el rol del acompañante es fundamental, puede seguir al bebé, sacarle fotos, y en algunos lugares hasta dejan vestirlo, etc. Desde el punto de vista psicológico, para el bebé es muy importante sentir la voz de alguien conocido, ya que no puede estar en brazos de su mamá. Y para ella, tener la seguridad que su bebé esta siendo acompañado, y que está bien, le quita angustia a la situación.
Luego, puede ser reconfortante para la mamá ver fotos, o escuchar relatos de cómo estaba su bebé y qué hacía mientras ella estaba en recuperación. Son esos pocos minutos que ella se “pierde”, pero que puede recuperar a través de los otros.
El apoyo familiar
Recordemos que una mamá, en los primeros días de nacido el bebé, tiene una sensibilidad extra. No sólo se ha convertido en mamá y tiene un pequeño a quien alimentar y contener, sino también, en caso de haber sido por cesárea, debe recuperarse física y emocionalmente de una operación importante. Es aquí donde el entorno familiar cumple un rol importante de sostén. Existen investigaciones que afirman que aumentan los porcentajes de depresión postparto cuando el nacimiento ocurre por cesárea. Para evitarla, es necesario que la mamá se cuide, y que sea cuidada por el entorno. El dolor post operatorio puede ser intenso, por lo que toda ayuda extra es bienvenida. Pero no solo colaboración con las tareas del hogar, también resulta fundamental el apoyo emocional. Saber que, por mínimo que sea, la mamá va a tener que transitar un duelo por el “parto vaginal que no fue”.
Finalmente, no olvidemos que la cesárea es un nacimiento; podemos pensar que es otra forma que la ciencia nos ha dado de parir. Es una celebración y un milagro de la vida. Pero sobre todas las cosas, es la muestra extrema de entrega y de amor; donde la mamá sacrifica su propio cuerpo por el bienestar de su bebé.
Para saber más:
www.ican-online.org
Todas las mujeres somos distintas y vamos a vivir de diferente manera el nacimiento de cada hijo. Esto sucede con las cesáreas. Si bien, para algunas mujeres parece no tener ninguna consecuencia emocional, para otras puede ser una experiencia traumática; ello va a depender de distintos elementos. Desde el punto de vista obstétrico, es distinto si fue una cesárea de emergencia o si fue programada, donde la mamá tiene más tiempo para prepararse emocionalmente. Si fue de emergencia, dependerá de cómo se presenta la misma, de cómo fue el trabajo de parto, en qué momento se realiza la cesárea. A ello se le suman los elementos personales de la mamá; sus expectativas, sus anhelos, sus fantasías sobre el nacimiento de su bebé. Una mamá que se ha preparado durante el embarazo para un parto vaginal, y no concibe otra posibilidad, seguramente encuentre difícil asimilar la situación de una cesárea. El personal de salud y el tipo de atención que se reciba, sin duda influirán en la vivencia de la experiencia.
Hablamos de “herida emocional” como la marca afectiva resultante de la cesárea. Es un dolor muchas veces silenciado y que resulta difícil de “curar”. En ocasiones reaparece años después, cuando la mamá considera un nuevo embarazo; se encuentra entonces, con una sensación de malestar y no puede identificar su origen. Se produce un duelo que es necesario transitar y surgen diversas preguntas, “¿Por qué yo no pude parir?” “¿Tendré algo mal?” Se escuchan frases como: “Nunca voy a saber qué se siente parir”. Lo importante aquí es que la mamá sepa que es un proceso normal. A veces tenemos la sensación de que somos las únicas que nos pasan las cosas, pero la realidad es que hay muchas otras mamás viviendo lo mismo.
Las consecuencias emocionales dependerán de cómo vivió la mamá la cesárea. Para algunas mujeres puede ser una experiencia traumática que necesitan contar. Desde el punto de vista médico y social, se valora la salud física. Escuchamos frases como: “Lo importante es que tú y el bebé están bien”. Esto es correcto y no deja de ser muy primordial, pero anula los sentimientos negativos que se pueden generar. Las mamás que tienen sus hijos por cesárea pueden encontrar difícil expresar la experiencia. Por lo general el nacimiento es una celebración, la familia está presente, y todos están felices; por lo que no es fácil, en este ambiente, contar las emociones contradictorias. Es normal que estas aparezcan, y no tienen nada que ver con ser una “mala mamá” o con no querer a nuestro bebé. Es importante evitar silenciar estas expresiones, como también evitar minimizar lo sucedido. Algunas mujeres no tienen estas vivencias, pero otras sí y necesitan expresarlo. Para esto tiene que haber personas dispuestas a escucharla y comprenderla, sin fomentar sentimientos de culpabilidad. La familia y amigos pueden ayudar; hacerle saber que lo que le sucede es normal calma angustias. De todas formas, siempre hay que estar atentos ante señales que indiquen la necesidad de contactar a un profesional pertinente. También se puede acudir a grupos de apoyo, en donde la mamá puede compartir con pares situaciones similares y sentirse comprendida.
¿Qué se puede hacer para atenuar las consecuencias?
Podemos pensar en elementos que atenúan las consecuencias emocionales; uno de ellos es la necesidad de la mamá de estar acompañada durante la operación. Recordemos que existe la Ley 17.386 que ampara a la mujer y le permite tener una persona de su elección dentro del quirófano. Durante la intervención, la mamá está desnuda, generalmente con los brazos sujetados y tiene un campo que no le permite ver lo que sucede. Los médicos están uniformados y con tapa boca. Esta situación resulta muy extraña; un momento que debería de ser cálido y lleno de amor, en el quirófano se torna frío y distante. Por lo general los médicos no hablan, ya que están concentrados en la operación. Es natural que la mujer esté nerviosa y ansiosa por saber cómo está su bebé. Sin duda, en este contexto, es fundamental que haya alguien de su confianza, que le tome la mano y le vaya diciendo cómo está todo.
Asimismo, es importante que al nacer le muestren el bebé y lo acerquen a su mamá; de ser posible, que se libere uno de sus brazos para así acariciarlo. Son pequeños detalles que no obstaculizan el acto quirúrgico y marcan una gran diferencia emocional para la mamá.
Haya sido con anestesia general o raquídea, la mamá y el bebé van a estar alejados los primeros minutos de vida. Aquí el rol del acompañante es fundamental, puede seguir al bebé, sacarle fotos, y en algunos lugares hasta dejan vestirlo, etc. Desde el punto de vista psicológico, para el bebé es muy importante sentir la voz de alguien conocido, ya que no puede estar en brazos de su mamá. Y para ella, tener la seguridad que su bebé esta siendo acompañado, y que está bien, le quita angustia a la situación.
Luego, puede ser reconfortante para la mamá ver fotos, o escuchar relatos de cómo estaba su bebé y qué hacía mientras ella estaba en recuperación. Son esos pocos minutos que ella se “pierde”, pero que puede recuperar a través de los otros.
El apoyo familiar
Recordemos que una mamá, en los primeros días de nacido el bebé, tiene una sensibilidad extra. No sólo se ha convertido en mamá y tiene un pequeño a quien alimentar y contener, sino también, en caso de haber sido por cesárea, debe recuperarse física y emocionalmente de una operación importante. Es aquí donde el entorno familiar cumple un rol importante de sostén. Existen investigaciones que afirman que aumentan los porcentajes de depresión postparto cuando el nacimiento ocurre por cesárea. Para evitarla, es necesario que la mamá se cuide, y que sea cuidada por el entorno. El dolor post operatorio puede ser intenso, por lo que toda ayuda extra es bienvenida. Pero no solo colaboración con las tareas del hogar, también resulta fundamental el apoyo emocional. Saber que, por mínimo que sea, la mamá va a tener que transitar un duelo por el “parto vaginal que no fue”.
Finalmente, no olvidemos que la cesárea es un nacimiento; podemos pensar que es otra forma que la ciencia nos ha dado de parir. Es una celebración y un milagro de la vida. Pero sobre todas las cosas, es la muestra extrema de entrega y de amor; donde la mamá sacrifica su propio cuerpo por el bienestar de su bebé.
Para saber más:
www.ican-online.org
lunes, 1 de diciembre de 2008
El mito de la cama grande: Durmiendo con papá y mamá.
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Etiquetas: Durmiendo al bebé, El bebé en casa, Publicaciones en revistas
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(Artículo publicado en Revista TODOPAPIS - Montevideo - Edición Noviembre / Diciembre 2008)
Dormir con nuestros hijos o no hacerlo es un tema polémico. Diversos profesionales aconsejan que los bebés no deben llegar a conocer la “cama grande”, de esta forma no la pedirán. Sin embargo, existen culturas donde lo normal es que padres e hijos compartan el mismo lugar de descanso. En Japón, tradicionalmente los niños duermen con sus padres hasta los cinco años. Un estudio realizado en 2006 reveló que el 93% de los niños de la India de entre tres y diez años, dormían con sus padres. En las culturas occidentales por el contrario, se acostumbra que cada cual tenga su cama y, si es posible, su propio cuarto.
Los niños nacen “sabiendo” cómo comer, dormir, orinar. Los padres les enseñamos diversas maneras de hacer y desarrollar estas conductas. Para ello, la cultura nos brinda costumbres y hábitos, colectivamente compartidos, aceptados. Es entonces que enseñamos a nuestros hijos a comer con tenedor y cuchillo, a orinar en el baño, y a ponerse el pijama y lavarse los dientes para dormir. Les enseñamos también que cada uno duerma en su propia cama, con su almohada.
¿Por qué los niños insisten en dormir con sus padres?
En primer lugar, es importante resaltar que para los niños es una necesidad, no se trata de una “maña”; ni tampoco significa que sean “malcriados”. Existen investigaciones que han demostrado un cambio en los neurotransmisores de los mamíferos cuando no se encuentran cerca de sus progenitores. En la prehistoria, los niños dormían con su madre en cuevas, de lo contrario, podían ser devorados por depredadores. No existía una cueva para cada miembro de la familia. Era un tema de supervivencia.
Esta misma vivencia se mantiene hoy en día. El bebé desconoce que en la seguridad de su casa no corre aquellos peligros. Los niños reclaman la presencia de sus padres para sentir seguridad. Algunos aprenden el hábito de dormir en su propia cama más rápido que otros. De todas formas, si no se presentan inconvenientes, todos los niños, en algún momento, dormirán toda la noche en su propia cama, sin reclamar la presencia de un adulto.
Mientras tanto, hay padres que optan por dormir toda la noche con sus hijos. Esto es común en varias culturas. Hay autores, como el pediatra español Carlos González y la psicóloga argentina Laura Gutman, que sostienen la importancia de practicar el colecho (esto es que los bebés o niños pequeños duerman con uno o los dos progenitores).
Por otro lado, hay autores como el Dr. Estivill, que enseñan métodos para “adiestrar” a los niños a dormir solos.
Muchas veces, los padres pasamos a los bebés a nuestras camas por un tema de comodidad. Así evitamos despertarnos varias veces en la noche, a la vez que es más conveniente para amamantar. Existen padres que disfrutan el colecho, pero otros al crecer los niños, se empiezan a incomodar y pretenden que pasen a dormir a su propia cama. Es inevitable, entonces, que se generen conflictos. En estos casos, es importante que los padres entiendan que aprender una nueva forma de dormir requiere cariño, tiempo y paciencia.
Los estudios indican que, cuanto más grande es el niño, menos duerme con sus padres. Esto se produce naturalmente. Pueden suceder situaciones estresantes o incómodas que hagan que los niños busquen la cama de sus padres con mayor frecuencia: cuando le están saliendo los dientes, si están enfermos, alguna situación familiar especial (nacimiento de un hermano, separación de los padres, cambio de escuela, entre otras). Cuando esta solicitud se da en exceso, especialmente en niños mayores de cinco años, puede ser necesario consultar con un profesional.
No hay recetas que indiquen qué es lo correcto. Es interesante conocer que los niños duermen de distinta manera alrededor del mundo y que las costumbres culturales tienen mucha incidencia en la educación que les brindamos a nuestros hijos. Sin embargo, cada padre o madre deberán discernir juntos qué hábito consideran más apropiado en su familia y para cada hijo en particular.
Referencias:
Bharti B, Patterns and problems of sleep in school going children. Indian Pediatric. India. 2006.
González, C. Bésame Mucho. Ed. Temas de Hoy. Madrid. 2003.
José, R. Dormir sin lágrimas. La esfera de los libros. Madrid. 2007.
UNICEF. Dormir en la misa cama con el bebé. Reino Unido. Febrero, 2004
Claudia López
Licenciada en Psicología
claudia.lopez@adinet.com.uy
Los niños nacen “sabiendo” cómo comer, dormir, orinar. Los padres les enseñamos diversas maneras de hacer y desarrollar estas conductas. Para ello, la cultura nos brinda costumbres y hábitos, colectivamente compartidos, aceptados. Es entonces que enseñamos a nuestros hijos a comer con tenedor y cuchillo, a orinar en el baño, y a ponerse el pijama y lavarse los dientes para dormir. Les enseñamos también que cada uno duerma en su propia cama, con su almohada.
¿Por qué los niños insisten en dormir con sus padres?
En primer lugar, es importante resaltar que para los niños es una necesidad, no se trata de una “maña”; ni tampoco significa que sean “malcriados”. Existen investigaciones que han demostrado un cambio en los neurotransmisores de los mamíferos cuando no se encuentran cerca de sus progenitores. En la prehistoria, los niños dormían con su madre en cuevas, de lo contrario, podían ser devorados por depredadores. No existía una cueva para cada miembro de la familia. Era un tema de supervivencia.
Esta misma vivencia se mantiene hoy en día. El bebé desconoce que en la seguridad de su casa no corre aquellos peligros. Los niños reclaman la presencia de sus padres para sentir seguridad. Algunos aprenden el hábito de dormir en su propia cama más rápido que otros. De todas formas, si no se presentan inconvenientes, todos los niños, en algún momento, dormirán toda la noche en su propia cama, sin reclamar la presencia de un adulto.
Mientras tanto, hay padres que optan por dormir toda la noche con sus hijos. Esto es común en varias culturas. Hay autores, como el pediatra español Carlos González y la psicóloga argentina Laura Gutman, que sostienen la importancia de practicar el colecho (esto es que los bebés o niños pequeños duerman con uno o los dos progenitores).
Por otro lado, hay autores como el Dr. Estivill, que enseñan métodos para “adiestrar” a los niños a dormir solos.
Muchas veces, los padres pasamos a los bebés a nuestras camas por un tema de comodidad. Así evitamos despertarnos varias veces en la noche, a la vez que es más conveniente para amamantar. Existen padres que disfrutan el colecho, pero otros al crecer los niños, se empiezan a incomodar y pretenden que pasen a dormir a su propia cama. Es inevitable, entonces, que se generen conflictos. En estos casos, es importante que los padres entiendan que aprender una nueva forma de dormir requiere cariño, tiempo y paciencia.
Los estudios indican que, cuanto más grande es el niño, menos duerme con sus padres. Esto se produce naturalmente. Pueden suceder situaciones estresantes o incómodas que hagan que los niños busquen la cama de sus padres con mayor frecuencia: cuando le están saliendo los dientes, si están enfermos, alguna situación familiar especial (nacimiento de un hermano, separación de los padres, cambio de escuela, entre otras). Cuando esta solicitud se da en exceso, especialmente en niños mayores de cinco años, puede ser necesario consultar con un profesional.
No hay recetas que indiquen qué es lo correcto. Es interesante conocer que los niños duermen de distinta manera alrededor del mundo y que las costumbres culturales tienen mucha incidencia en la educación que les brindamos a nuestros hijos. Sin embargo, cada padre o madre deberán discernir juntos qué hábito consideran más apropiado en su familia y para cada hijo en particular.
Referencias:
Bharti B, Patterns and problems of sleep in school going children. Indian Pediatric. India. 2006.
González, C. Bésame Mucho. Ed. Temas de Hoy. Madrid. 2003.
José, R. Dormir sin lágrimas. La esfera de los libros. Madrid. 2007.
UNICEF. Dormir en la misa cama con el bebé. Reino Unido. Febrero, 2004
Claudia López
Licenciada en Psicología
claudia.lopez@adinet.com.uy
domingo, 12 de octubre de 2008
¿Mi hijo tiene pesadillas?
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Etiquetas: Cosas de ser madre, El bebé en casa, Llanto del bebé, Publicaciones en revistas
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Pesadillas vs. Terrores Nocturnos
Trastornos en el sueño de los niños
(Artículo Publicado en la revista TODOPAPIS Ed. Setiembre-Octubre 2008. Mvdeo-Uruguay)
Trastornos en el sueño de los niños
(Artículo Publicado en la revista TODOPAPIS Ed. Setiembre-Octubre 2008. Mvdeo-Uruguay)
Sentimos a nuestro hijo llamarnos en la noche, con un llanto desesperado grita: “¡Mamá! ¡Papá!”. Entre dormidos y despiertos nos acercamos a su cama: “¿Qué pasó, mi amor?”. Nos abraza: “¡Un monstruo horrible y gigante me quería comer!”
Al igual que los adultos, los niños no duermen de la misma manera durante la noche. Existen momentos de sueño profundo, y otros de sueño más superficial. Durante la primer parte de la noche se experimenta un sueño profundo, mientras que en la segunda mitad se incrementa el sueño REM (Rapid Eyes Movement). Este último se caracteriza porque el cuerpo se encuentra profundamente relajado, pero el cerebro presenta gran actividad. Esta es la fase donde se producen los sueños. Se cree que, a través de ellos, el cerebro ensaya situaciones, y asimila las experiencias vividas durante el día. Gracias a esto, se consolidan nuevos aprendizajes y se superan situaciones angustiantes.
¿Qué son las pesadillas?
Las pesadillas son sueños que resultan desagradables y siempre se recuerdan al despertar. El niño se despierta aterrorizado y recordando un sueño espantoso. Las pesadillas suceden en la fase REM, por lo tanto predominan en la segunda mitad de la noche.
Puesto que en la fase REM el cerebro busca asimilar, aprender y ensayar lo que se haya vivido durante el día, puede ser que la pesadilla responda a algo que haya vivido el niño y que sea “difícil de digerir”. Si las pesadillas ocurren con frecuencia, es un indicador de que hay una situación de ansiedad subyacente, y se recomienda consultar con un profesional.
Las pesadillas suelen desaparecer a medida que el niño crece, ya que va adquiriendo nuevas herramientas para asimilar y entender la realidad.
¿Cómo prevenir las pesadillas?
• Evitar situaciones que puedan asustar al niño antes de irse a dormir: películas, cuentos, etc.
• Considere situaciones de ansiedad a las que está expuesto el niño durante el día, y si es posible, reduzca su incidencia. Por ejemplo: si empezó a ir al jardín o al club precozmente; si pasa muchas horas del día lejos de sus padres; si pasa muchas horas en la escuela; si tiene dificultades para controlar esfínteres, etc.
• Hable con su hijo de lo sucedido en el día, y si el niño es reticente a hablar o aún no tiene muy desarrollado el habla, pruebe invitarlo a dibujar las cosas que vivió en el día.
• Tener en cuenta que los resfriados, la fiebre, la dentición, etc., pueden desencadenar pesadillas. Consulte con su pediatra.
• Algunas soluciones temporales pueden reducir la ansiedad, por ejemplo: dejar la puerta del cuarto abierta, dejar una luz encendida en la casa durante la noche, que duerma en el cuarto con un hermano, etc.
¿Qué hacer cuando aparecen las pesadillas?
• Tranquilice al niño, sin quitarle importancia a lo que ha sucedido.
• Quédese a su lado con una actitud de seguridad. La compañía es la mejor forma de reducir el miedo.
• Si las pesadillas son muy recurrentes consulte con un profesional.
¿Qué son los terrores nocturnos?
A diferencia de las pesadillas, los terrores nocturnos ocurren en la primer mitad de la noche, debido a una alteración en el sueño profundo. Es una dificultad en pasar de una fase de sueño profundo a una fase de sueño más ligero. Hay veces que la fase de sueño No-REM suele ser más profunda que lo habitual, generalmente porque el niño ha descansado poco o mal, y tiene dificultades para aligerar el sueño y pasar a una fase de sueño REM (más superficial).
Este trastorno se manifiesta con frecuencia entre los 2 y 5 años, pero suelen mejorar con la edad.
El niño/a se despierta a pocas horas de haberse acostado. Puede gritar y llorar de forma desesperada. Su respiración es agitada, su pulso acelerado. Puede tener movimientos bruscos y violentos. No reconoce a nadie. Al cabo de unos 10 o 20 minutos vuelve a dormirse o se despierta completamente. Nunca recuerda lo que sucedió.
¿Qué hacer ante los terrores nocturnos?
• Lo mejor es prevenir. Intente que su hijo se acueste descansado y tranquilo. De todas formas, tenga en cuenta que hasta los 5-6 años los niños son propensos a padecer estos trastornos.
• Permanezca junto al niño de forma discreta. Algunos niños rechazan el contacto físico durante el episodio, pero mantenerse a su lado puede prevenir que se dañe.
• No intente despertarle. El niño no sabe lo que le sucede y no recordará nada al despertarse.
• Despertares programados. Si los terrores nocturnos son muy frecuentes, y si el niño se lastima, puede acudir a un programa de despertares programados, esto es, despertarlo sistemáticamente antes de que suceda el episodio. Se recomienda consultar con un profesional.
Bibliografía
Jové, R. Dormir sin lágrimas. Ed. La esfera de los libros. 2006. España
Claudia López
Licenciada en Psicología
¿Qué son las pesadillas?
Las pesadillas son sueños que resultan desagradables y siempre se recuerdan al despertar. El niño se despierta aterrorizado y recordando un sueño espantoso. Las pesadillas suceden en la fase REM, por lo tanto predominan en la segunda mitad de la noche.
Puesto que en la fase REM el cerebro busca asimilar, aprender y ensayar lo que se haya vivido durante el día, puede ser que la pesadilla responda a algo que haya vivido el niño y que sea “difícil de digerir”. Si las pesadillas ocurren con frecuencia, es un indicador de que hay una situación de ansiedad subyacente, y se recomienda consultar con un profesional.
Las pesadillas suelen desaparecer a medida que el niño crece, ya que va adquiriendo nuevas herramientas para asimilar y entender la realidad.
¿Cómo prevenir las pesadillas?
• Evitar situaciones que puedan asustar al niño antes de irse a dormir: películas, cuentos, etc.
• Considere situaciones de ansiedad a las que está expuesto el niño durante el día, y si es posible, reduzca su incidencia. Por ejemplo: si empezó a ir al jardín o al club precozmente; si pasa muchas horas del día lejos de sus padres; si pasa muchas horas en la escuela; si tiene dificultades para controlar esfínteres, etc.
• Hable con su hijo de lo sucedido en el día, y si el niño es reticente a hablar o aún no tiene muy desarrollado el habla, pruebe invitarlo a dibujar las cosas que vivió en el día.
• Tener en cuenta que los resfriados, la fiebre, la dentición, etc., pueden desencadenar pesadillas. Consulte con su pediatra.
• Algunas soluciones temporales pueden reducir la ansiedad, por ejemplo: dejar la puerta del cuarto abierta, dejar una luz encendida en la casa durante la noche, que duerma en el cuarto con un hermano, etc.
¿Qué hacer cuando aparecen las pesadillas?
• Tranquilice al niño, sin quitarle importancia a lo que ha sucedido.
• Quédese a su lado con una actitud de seguridad. La compañía es la mejor forma de reducir el miedo.
• Si las pesadillas son muy recurrentes consulte con un profesional.
¿Qué son los terrores nocturnos?
A diferencia de las pesadillas, los terrores nocturnos ocurren en la primer mitad de la noche, debido a una alteración en el sueño profundo. Es una dificultad en pasar de una fase de sueño profundo a una fase de sueño más ligero. Hay veces que la fase de sueño No-REM suele ser más profunda que lo habitual, generalmente porque el niño ha descansado poco o mal, y tiene dificultades para aligerar el sueño y pasar a una fase de sueño REM (más superficial).
Este trastorno se manifiesta con frecuencia entre los 2 y 5 años, pero suelen mejorar con la edad.
El niño/a se despierta a pocas horas de haberse acostado. Puede gritar y llorar de forma desesperada. Su respiración es agitada, su pulso acelerado. Puede tener movimientos bruscos y violentos. No reconoce a nadie. Al cabo de unos 10 o 20 minutos vuelve a dormirse o se despierta completamente. Nunca recuerda lo que sucedió.
¿Qué hacer ante los terrores nocturnos?
• Lo mejor es prevenir. Intente que su hijo se acueste descansado y tranquilo. De todas formas, tenga en cuenta que hasta los 5-6 años los niños son propensos a padecer estos trastornos.
• Permanezca junto al niño de forma discreta. Algunos niños rechazan el contacto físico durante el episodio, pero mantenerse a su lado puede prevenir que se dañe.
• No intente despertarle. El niño no sabe lo que le sucede y no recordará nada al despertarse.
• Despertares programados. Si los terrores nocturnos son muy frecuentes, y si el niño se lastima, puede acudir a un programa de despertares programados, esto es, despertarlo sistemáticamente antes de que suceda el episodio. Se recomienda consultar con un profesional.
Bibliografía
Jové, R. Dormir sin lágrimas. Ed. La esfera de los libros. 2006. España
Claudia López
Licenciada en Psicología
martes, 29 de abril de 2008
Método Madre Canguro
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Unknown at 10:59
Etiquetas: Publicaciones en revistas, Recursos web, Relación madre-bebé
Etiquetas: Publicaciones en revistas, Recursos web, Relación madre-bebé

(Artículo publicado en la revista TODOPAPIS. Mayo-Junio 2008 Montevideo)
Cada año nacen cerca de 20 millones de niños con bajo peso, ya sea por partos prematuros o por anomalías en el crecimiento durante el embarazo. Para tratar a estos bebés y ayudarlos a continuar su desarrollo fuera del útero, los centros de salud utilizan grandes recursos humanos y económicos: incubadoras, personal altamente capacitado, etc. En algunos lugares, afrontar estos costos resulta dificultoso, lo que trae aparejado un importante porcentaje de mortalidad infantil y de abandono.
En la búsqueda de una solución, en el año 1978 en Colombia, el pediatra Edgar Rey, decidió imitar las conductas de los marsupiales en la Unidad de Recién Nacidos. Estos animales se caracterizan por desarrollarse muy poco en el interior de la madre y completar gran parte del crecimiento aferrados al exterior del cuerpo de la misma. Fue entonces que comenzó a colocar a los bebés de bajo peso, piel con piel, sobre el cuerpo de la madre. Notablemente la mortalidad infantil en la Unidad que dirigía, bajó más del 50%.
¿Qué es el Método Madre Canguro (MMC)?
Dicho Método consiste en mantener al bebé de bajo peso, escasamente vestido, en contacto directo con el pecho de un adulto (preferentemente, su madre). El objetivo es, sustituir lo antes posible la incubadora. Se busca que, al igual que los marsupiales, las madres utilicen su propio metabolismo para que su bebé complete su desarrollo.
¿Cómo se aplica? Colocando al adulto una cinta elástica de lycra de algodón especialmente diseñada; se ubica al bebé sostenido por la cinta en posición vertical el mayor tiempo posible.
Debido a que los recién nacidos son muy perceptivos a los cambios, se recomienda que el método sea aplicado por lo menos 60 minutos. Si el bebé se encuentra estable y su condición médica lo permite, se aumenta paulatinamente la duración. Puede llegar a estar 24 hrs. dentro de la cinta, inclusive mientras el adulto duerme.
Una vez que el bebé es dado de alta, los padres continúan el MMC en sus hogares, con controles en el domicilio por parte del pediatra. La utilización del Método se recomienda hasta que el bebé alcance el plazo considerado normal del parto a término (edad gestacional en torno a las 40 semanas), y/o su peso llegue a los 2500 grs.
Beneficios del contacto directo entre la madre y el bebé en la utilización del MMC
Los bebés que utilizan el MMC regulan igual o mejor su temperatura, en comparación con los bebés que permanecen en la incubadora.
En la posición canguro, el estímulo de sentir al adulto respirar permite una regulación de la respiración del bebé mejor que en la incubadora.
La posición canguro no trae aparejado un riesgo de infección.
Favorece la lactancia materna.
Disminuye el tiempo de hospitalización neonatal.
¿Mejora el comportamiento del bebé?
Es importante comprender que el umbral de dolor de los recién nacidos es igual al de una persona adulta, y los estudios indican que este umbral disminuye en la medida que el bebé tenga menos semanas de nacido. Es decir que, un bebé prematuro va a sentir el dolor de forma más generalizada, más fuerte, y más duradera que un niño de mayor edad.
Si bien las intervenciones médicas son muy necesarias, producen malestar e incomodidad. El MMC, al ser menos agresivo y basarse en elementos ya conocidos por el bebé -olor de la madre, su voz, los sonidos de su cuerpo-, le ofrece una sensación de seguridad que le ayuda a recuperarse con mayor rapidez de las intervenciones dolorosas. Se ha comprobado que, el cortisol salival, un indicador de posible estrés, se presenta inferior en los bebés que mantienen contacto piel a piel.
Beneficios para la familia.
El contacto continuo no tiene exclusivamente efectos positivos en el prematuro, sino también, actúa favorablemente en sus padres. A modo de ejemplo, en el cuerpo de la madre: sentir el olor del bebé, tocarlo, y cargarlo, estimula la producción de leche materna, lo que repercutirá posiblemente en una mejor alimentación y más rápida recuperación del pequeño.
A su vez, la posibilidad para los padres de estar con el bebé, y ser protagonistas de lo que le va aconteciendo, disminuye la ansiedad y el sentimiento de impotencia. Cuando llega el momento de llevarlo al hogar, tienen mayor práctica de cómo tocarlo y manipularlo, lo que previene dificultades y colabora en la transición.
Bibliografía:
Charpak, Nathalie. (2006) Bebés Canguro. Ed. Gedisa. Barcelona.
Organización Mundial de la Salud. (2004) Método Madre Canguro. Guía Práctica. Ginebra. http://kangaroo.javeriana.edu.co/descargas/reglas_mmc_oms_espanol.pdf
Para saber más:
http://kangaroo.javeriana.edu.co/
http://www.kangaroomothercare.com/index.htm
Claudia López
Licenciada en Psicología
claudia.lopez@adinet.com.uy
En la búsqueda de una solución, en el año 1978 en Colombia, el pediatra Edgar Rey, decidió imitar las conductas de los marsupiales en la Unidad de Recién Nacidos. Estos animales se caracterizan por desarrollarse muy poco en el interior de la madre y completar gran parte del crecimiento aferrados al exterior del cuerpo de la misma. Fue entonces que comenzó a colocar a los bebés de bajo peso, piel con piel, sobre el cuerpo de la madre. Notablemente la mortalidad infantil en la Unidad que dirigía, bajó más del 50%.
¿Qué es el Método Madre Canguro (MMC)?
Dicho Método consiste en mantener al bebé de bajo peso, escasamente vestido, en contacto directo con el pecho de un adulto (preferentemente, su madre). El objetivo es, sustituir lo antes posible la incubadora. Se busca que, al igual que los marsupiales, las madres utilicen su propio metabolismo para que su bebé complete su desarrollo.
¿Cómo se aplica? Colocando al adulto una cinta elástica de lycra de algodón especialmente diseñada; se ubica al bebé sostenido por la cinta en posición vertical el mayor tiempo posible.
Debido a que los recién nacidos son muy perceptivos a los cambios, se recomienda que el método sea aplicado por lo menos 60 minutos. Si el bebé se encuentra estable y su condición médica lo permite, se aumenta paulatinamente la duración. Puede llegar a estar 24 hrs. dentro de la cinta, inclusive mientras el adulto duerme.
Una vez que el bebé es dado de alta, los padres continúan el MMC en sus hogares, con controles en el domicilio por parte del pediatra. La utilización del Método se recomienda hasta que el bebé alcance el plazo considerado normal del parto a término (edad gestacional en torno a las 40 semanas), y/o su peso llegue a los 2500 grs.
Beneficios del contacto directo entre la madre y el bebé en la utilización del MMC
Los bebés que utilizan el MMC regulan igual o mejor su temperatura, en comparación con los bebés que permanecen en la incubadora.
En la posición canguro, el estímulo de sentir al adulto respirar permite una regulación de la respiración del bebé mejor que en la incubadora.
La posición canguro no trae aparejado un riesgo de infección.
Favorece la lactancia materna.
Disminuye el tiempo de hospitalización neonatal.
¿Mejora el comportamiento del bebé?
Es importante comprender que el umbral de dolor de los recién nacidos es igual al de una persona adulta, y los estudios indican que este umbral disminuye en la medida que el bebé tenga menos semanas de nacido. Es decir que, un bebé prematuro va a sentir el dolor de forma más generalizada, más fuerte, y más duradera que un niño de mayor edad.
Si bien las intervenciones médicas son muy necesarias, producen malestar e incomodidad. El MMC, al ser menos agresivo y basarse en elementos ya conocidos por el bebé -olor de la madre, su voz, los sonidos de su cuerpo-, le ofrece una sensación de seguridad que le ayuda a recuperarse con mayor rapidez de las intervenciones dolorosas. Se ha comprobado que, el cortisol salival, un indicador de posible estrés, se presenta inferior en los bebés que mantienen contacto piel a piel.
Beneficios para la familia.
El contacto continuo no tiene exclusivamente efectos positivos en el prematuro, sino también, actúa favorablemente en sus padres. A modo de ejemplo, en el cuerpo de la madre: sentir el olor del bebé, tocarlo, y cargarlo, estimula la producción de leche materna, lo que repercutirá posiblemente en una mejor alimentación y más rápida recuperación del pequeño.
A su vez, la posibilidad para los padres de estar con el bebé, y ser protagonistas de lo que le va aconteciendo, disminuye la ansiedad y el sentimiento de impotencia. Cuando llega el momento de llevarlo al hogar, tienen mayor práctica de cómo tocarlo y manipularlo, lo que previene dificultades y colabora en la transición.
Bibliografía:
Charpak, Nathalie. (2006) Bebés Canguro. Ed. Gedisa. Barcelona.
Organización Mundial de la Salud. (2004) Método Madre Canguro. Guía Práctica. Ginebra. http://kangaroo.javeriana.edu.co/descargas/reglas_mmc_oms_espanol.pdf
Para saber más:
http://kangaroo.javeriana.edu.co/
http://www.kangaroomothercare.com/index.htm
Claudia López
Licenciada en Psicología
claudia.lopez@adinet.com.uy
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