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sábado, 25 de octubre de 2008

El abuelo, la abuela.

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Demos gracias a Dios que existen los abuelos. Cuidan a los nietos cuando los padres quieren salir y siempre dispuestos a cambiar un pañal!

Pero no es fácil convertirse en ABUELO. -O devenir abuelo- Vienen siendo padres hace muchos años, y eso es lo que saben hacer.

No hay que olvidar el salto generacional que se genera cuando nace un bebé. Convierte en padres a quienes antes eran hijos, y en abuelos a quienes antes eran padres.
Por esto, muchas veces, les resulta difícil aceptar su nuevo lugar y dar un paso al costado, para dejar que estos nuevos padres “tomen la posta”.

Es muy común ver esta dificultad en las “mamás de mamás”. Ver que su propia hija ahora es mamá remueve muchas vivencias internas, remueve su propia experiencia de madre.
Cuando las abuelas no se dan cuenta de sus limitaciones, pueden ocupar en parte el rol que le corresponde a la nueva mamá, y con el afán de ayudar y de cuidar, no permiten que sus hijas pasen a ser madres.

La realidad indica que mamá hay una sola, si la abuela está ocupando tareas que le corresponden a la mamá, entonces hay un claro indicio de una dificultad en el salto generacional. Es simple, la mamá es mamá, y la abuela es abuela. (Es simple decirlo, ¿no?)

¿Cómo evaluamos la situación?
Nos podemos hacer algunas preguntas: ¿quién está pendiente del bebé?, ¿quién sabe cuando le cambiaron el pañal?, ¿cuándo comió?, fundamental: ¿quién dice cuando el bebé tiene hambre?, ¿quién le da el significado al llanto del bebé? Esto forma parte de lo que llamamos la función materna, que es esperable sea hecha por la madre o padre.

Los abuelos ya pasaron por esto, ya tienen demasiadas noches sin dormir. Ahora es momento de dejar que sean los jóvenes quienes duerman poco, quienes cambien caca y estén pendientes del llanto. Para los abuelos llegó el momento de disfrutar.

Una pequeña anécdota personal.
Cuando mi beba tenía un mes nos fuimos de vacaciones con mis padres. Una noche, Lucía se despierta llorando (hoy sabemos que eran cólicos). Mis padres, que estaban en el cuarto contiguo, se despiertan alarmados por el ruido. Mi madre salta de la cama, viene a nuestro cuarto “qué pasó?”. Nosotros tratando de calmar a la beba y a mi madre. Finalmente la invitamos a que se retirara. A la mañana siguiente mi padre cuenta su versión de la noche: “Yo sentí que la beba lloraba, y Estela saltó de la cama, como loca. Yo me sonreí pensando ¡que bueno que soy abuelo!, si me necesitan me van a llamar”. Se dio media vuelta y volvió a dormir.

domingo, 12 de octubre de 2008

¿Mi hijo tiene pesadillas?

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Pesadillas vs. Terrores Nocturnos
Trastornos en el sueño de los niños
(Artículo Publicado en la revista TODOPAPIS Ed. Setiembre-Octubre 2008. Mvdeo-Uruguay)

Sentimos a nuestro hijo llamarnos en la noche, con un llanto desesperado grita: “¡Mamá! ¡Papá!”. Entre dormidos y despiertos nos acercamos a su cama: “¿Qué pasó, mi amor?”. Nos abraza: “¡Un monstruo horrible y gigante me quería comer!”

Al igual que los adultos, los niños no duermen de la misma manera durante la noche. Existen momentos de sueño profundo, y otros de sueño más superficial. Durante la primer parte de la noche se experimenta un sueño profundo, mientras que en la segunda mitad se incrementa el sueño REM (Rapid Eyes Movement). Este último se caracteriza porque el cuerpo se encuentra profundamente relajado, pero el cerebro presenta gran actividad. Esta es la fase donde se producen los sueños. Se cree que, a través de ellos, el cerebro ensaya situaciones, y asimila las experiencias vividas durante el día. Gracias a esto, se consolidan nuevos aprendizajes y se superan situaciones angustiantes.

¿Qué son las pesadillas?
Las pesadillas son sueños que resultan desagradables y siempre se recuerdan al despertar. El niño se despierta aterrorizado y recordando un sueño espantoso. Las pesadillas suceden en la fase REM, por lo tanto predominan en la segunda mitad de la noche.

Puesto que en la fase REM el cerebro busca asimilar, aprender y ensayar lo que se haya vivido durante el día, puede ser que la pesadilla responda a algo que haya vivido el niño y que sea “difícil de digerir”. Si las pesadillas ocurren con frecuencia, es un indicador de que hay una situación de ansiedad subyacente, y se recomienda consultar con un profesional.
Las pesadillas suelen desaparecer a medida que el niño crece, ya que va adquiriendo nuevas herramientas para asimilar y entender la realidad.

¿Cómo prevenir las pesadillas?
• Evitar situaciones que puedan asustar al niño antes de irse a dormir: películas, cuentos, etc.
• Considere situaciones de ansiedad a las que está expuesto el niño durante el día, y si es posible, reduzca su incidencia. Por ejemplo: si empezó a ir al jardín o al club precozmente; si pasa muchas horas del día lejos de sus padres; si pasa muchas horas en la escuela; si tiene dificultades para controlar esfínteres, etc.
• Hable con su hijo de lo sucedido en el día, y si el niño es reticente a hablar o aún no tiene muy desarrollado el habla, pruebe invitarlo a dibujar las cosas que vivió en el día.
• Tener en cuenta que los resfriados, la fiebre, la dentición, etc., pueden desencadenar pesadillas. Consulte con su pediatra.
• Algunas soluciones temporales pueden reducir la ansiedad, por ejemplo: dejar la puerta del cuarto abierta, dejar una luz encendida en la casa durante la noche, que duerma en el cuarto con un hermano, etc.

¿Qué hacer cuando aparecen las pesadillas?
• Tranquilice al niño, sin quitarle importancia a lo que ha sucedido.
• Quédese a su lado con una actitud de seguridad. La compañía es la mejor forma de reducir el miedo.
• Si las pesadillas son muy recurrentes consulte con un profesional.

¿Qué son los terrores nocturnos?
A diferencia de las pesadillas, los terrores nocturnos ocurren en la primer mitad de la noche, debido a una alteración en el sueño profundo. Es una dificultad en pasar de una fase de sueño profundo a una fase de sueño más ligero. Hay veces que la fase de sueño No-REM suele ser más profunda que lo habitual, generalmente porque el niño ha descansado poco o mal, y tiene dificultades para aligerar el sueño y pasar a una fase de sueño REM (más superficial).
Este trastorno se manifiesta con frecuencia entre los 2 y 5 años, pero suelen mejorar con la edad.

El niño/a se despierta a pocas horas de haberse acostado. Puede gritar y llorar de forma desesperada. Su respiración es agitada, su pulso acelerado. Puede tener movimientos bruscos y violentos. No reconoce a nadie. Al cabo de unos 10 o 20 minutos vuelve a dormirse o se despierta completamente. Nunca recuerda lo que sucedió.

¿Qué hacer ante los terrores nocturnos?
• Lo mejor es prevenir. Intente que su hijo se acueste descansado y tranquilo. De todas formas, tenga en cuenta que hasta los 5-6 años los niños son propensos a padecer estos trastornos.
• Permanezca junto al niño de forma discreta. Algunos niños rechazan el contacto físico durante el episodio, pero mantenerse a su lado puede prevenir que se dañe.
• No intente despertarle. El niño no sabe lo que le sucede y no recordará nada al despertarse.
• Despertares programados. Si los terrores nocturnos son muy frecuentes, y si el niño se lastima, puede acudir a un programa de despertares programados, esto es, despertarlo sistemáticamente antes de que suceda el episodio. Se recomienda consultar con un profesional.

Bibliografía
Jové, R. Dormir sin lágrimas. Ed. La esfera de los libros. 2006. España


Claudia López
Licenciada en Psicología


 

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