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sábado, 24 de octubre de 2009

Lactancia: claves del éxito

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Por alguna razón, tenemos la idea de que aquello que es costoso económicamente debe de ser de buena calidad, o tener cualidades que ameriten su alto costo. Sin embargo, la naturaleza nos asombra en este aspecto. Existen varios laboratorios que se han esmerado, a lo largo de los últimos años, para crear una fórmula lo más similar posible a la leche materna. La ciencia va avanzando y se va perfeccionando, pero resulta imposible crear un alimento tan único y de inmejorable calidad, como lo es la leche materna. Y lo curioso es que es gratis.

Cada mujer produce la leche justa y necesaria para el hijo/a al que está dirigida. El embarazo prepara el cuerpo de la madre para que continúe nutriendo al recién nacido, como lo hacía dentro del útero. Algunas personas dicen que la leche materna sería la continuación del cordón umbilical, en el sentido del cuidado y protección que reciben los bebés a través del mismo. Ofrece una alimentación y nutrición equilibradas; es la primer “vacuna” que recibe el niño, ya que los anticuerpos de la leche materna le protegen del contagio de muchas enfermedades (infecciones respiratorias, de oído y urinarias) y fortalecen sus defensas; y como si fuera poco, el efecto se prolonga después de terminar la lactancia.

Se sabe que la leche que una mujer produce varía de acuerdo al hijo a la cual está dirigida. Pero además, varía de acuerdo a la edad que tenga el mismo, así como también varía a lo largo del día, y en una misma mamada. La leche que sale al comienzo de la mamada contiene más agua, y la que sale al final de la misma tiene mayor contenido graso.
También nos encontramos con una leche diferente cuando el bebé es Recién Nacido (donde es su único nutriente), que cuando tiene 6 meses (donde comienza a requerir otro tipo de alimentación complementaria).

Con todas estas características y versatilidad de la leche materna, resulta entendible el por qué ha sido difícil producir artificialmente una fórmula exactamente igual.
Asimismo, a pesar de que sus beneficios son conocidos por gran parte de la población, es llamativo que actualmente solo el 28% de los bebés uruguayos sean alimentados con leche materna de forma exclusiva, durante los primeros seis meses de vida (como indica la última Encuesta Nacional de Lactancia Materna).

Es que amamantar puede ser más complejo de lo que parece. No todas las mujeres se enfrentan a su recién nacido con la información suficiente para tener una lactancia exitosa. A algunas les puede resultar simple, mientras que para otras puede ser una tarea ardua, al punto de abandonar la lactancia.

Podemos entender esta realidad si pensamos en que la lactancia materna tiene 3 grandes pilares que la sostienen: el aspecto biológico, el social y el emocional.

Desde el punto de vista biológico, a no ser por patologías no comunes, todas las mujeres estaríamos capacitadas para amamantar. En situaciones físicas normales, todas las madres producimos leche que se ajusta a las necesidades de nuestros bebés. Es un mito lo que ciertas veces escuchamos: “mi leche no es buena”. Por el contrario, la leche materna no sólo tiene los nutrientes indicados para el bebé, sino que también le aporta la inmunización de la madre, lo cual lo protege de las enfermedades del entorno.

Asimismo, puede suceder que nos parezca que el bebé se quede con hambre. Inmediatamente surgen los comentarios: “no tengo leche”, o “se me está yendo la leche”. Ante esta situación, por lo general, se recurre a la mamadera. Pero la idea de que una mujer amamantando se queda sin leche constituye otro mito. La lactancia materna se rige por la ley de “mayor estimulación = mayor producción”. Cuando el bebé mama a demanda, él mismo va a regular la cantidad y la regularidad con la que toma. El pecho simplemente va a producir aquello que la succión del bebé le indica que produzca.

Es importante entender el concepto de amamantar a demanda. Hace varios años se descartó el mito de que los bebés debían mamar diez minutos de cada pecho, cada 3 horas. La declaración Conjunta OMS/UNICEF (1989) y la Sociedad Uruguaya De Pediatría indican la importancia de fomentar la Lactancia Materna a libre demanda. Recordemos que la leche materna tiene mayor contenido de agua al principio, y con mayor contenido graso al final de la mamada (de un mismo seno). Cuando el bebé toma a demanda, él mismo va a regular la cantidad de leche que toma. Si lo quitamos de la mama a los diez minutos, puede que no alcance a tomar la leche con mayor grasa del final. Hay bebés que toman 5 minutos de un pecho y quedan satisfechos, mientras hay otros que pueden estar media hora en un mismo pecho. Esto es variable de bebé a bebé, y también en un mismo niño puede ir cambiando a lo largo del tiempo.

Igualmente, puede suceder que aparezcan grietas o ciertos dolores durante el amamantamiento. Pero esto se debe a una incorrecta colocación. Es importante que el bebé ocupe con su boca la mayor parte de la aureola, y que no agarre solo el pezón.
Además su cuerpo debe estar bien enfrentado al cuerpo de su mamá, en la posición clásica denominada “panza contra panza”.

Por otro lado, tenemos el aspecto social de la lactancia materna. Esto refiere a aquellas cosas del entorno que fomentan o interfieren en el amamantamiento. Por ejemplo, las leyes sociales que amparan a la mujer que amamanta. Entre ellas se destacan:
- Ley N° 16.104, que rige la licencia de trece semanas por maternidad en empleadas públicas, y la Ley N° 15084 que refiere a las empleadas privadas.
- El Decreto 1/6/54 indica dos descansos de media hora, cuando la mujer está amamantando, durante un lapso fijado por el Instituto Nacional del Menor a través de sus servicios médicos.
Las mujeres que trabajan se encuentran con la realidad de tener que volver a sus tareas a los dos meses y medio de haber nacido el bebé. Esta realidad social dificulta el sostenimiento de la lactancia materna exclusiva, ya que por lo general son jornadas de más de 4 horas. Para aquellas mujeres que desean continuar amamantando, se recomienda que no pasen más de 3-4 horas sin extraerse leche. Recordemos que a mayor estimulación, mayor producción, por lo que si una madre pasa demasiadas horas sin extraerse leche, su cuerpo va a reaccionar produciendo menos.

Otro elemento que refiere al aspecto social, es que en nuestra cultura, no se acostumbra a amamantar abiertamente. Tenemos un índice bajo de amamantamiento exclusivo, y por nuestra idiosincrasia, a muchas mujeres les da pudor desnudar su pecho en público. También podemos encontrar personas a las que les resulte grosero ver a una mujer amamantar. Esto no es menor, porque se supone que la lactancia materna es algo natural, que debería transmitirse de generación en generación. Pero cuando de niñas no vemos a nuestras madres, tías, vecinas amamantar; de adultas no sabemos cómo hacerlo. Es común ver a una niña jugar con un bebé de juguete y su mamadera; pero difícilmente vemos a una niña jugando a amamantar.

Finalmente, en lo que entiendo es el aspecto más importante de la lactancia materna, encontramos el área emocional. Amamantar es una decisión. Por más que nuestro cuerpo produzca leche, por más que tengamos un entorno extremadamente favorecedor, si la mujer no desea amamantar a su bebé, eventualmente la lactancia se detiene. Amamantar implica voluntad. Quien tiene la capacidad de hacerlo es la mujer. La pareja, o la familia puede colaborar cambiando al bebé, consolándolo y muchas otras tareas, pero quien debe ESTAR cada hora y media, dos, tres horas ofreciendo su pecho, es la mujer. El primer mes puede resultar difícil. Todos se están acomodando a la llegada del nuevo integrante. También el cuerpo de la mujer se está ajustando para producir la cantidad de leche que el bebé requiere. Es un juego de demanda-producción que tiene que aceitarse. En el correr de los meses va resultando más simple.

También aquí se ponen en juego elementos de la historia personal de la mujer. El área emocional no siempre es entendible desde lo racional; muchas veces es difícil poner en palabras lo que la mujer siente. Aquella mujer que por cualquier razón no puede amamantar a su bebé, no debe de sentirse culpable. Hoy en día existen elementos que sustituyen la lactancia materna en caso de ser necesario, y si para una mujer el amamantar se convierte en una tortura, seguramente sea más beneficiosos, desde lo emocional, el poder dar una mamadera con mayor ternura y disfrute.
De todas formas, aquella mujer que desea amamantar, cuenta con una de las principales herramientas para lograr una la lactancia materna exitosa: la voluntad.

Es importante el apoyo que la mujer pueda recibir, ya sea del equipo de salud, como de personas capacitadas para ello. Asimismo de su familia, amigas, tías, pareja. Amamantar es un arte, que implica aprendizaje, tiempo y perseverancia.

En conclusión, la lactancia materna tiene múltiples beneficios: aporta los nutrientes justos y necesarios para el bebé, lo inmuniza contra las enfermedades del entorno y genera un vínculo especial con la madre. También existen dificultades que pueden obstaculizar esta tarea. Pero cuando la mujer siente cómo su propio cuerpo produce el alimento para su bebé, cuando ve cómo su hijo/a toma y cómo ayuda a su crecimiento y desarrollo. Es entonces, cuando todos los beneficios y dificultades de la lactancia materna pasan a un segundo plano, y la mujer se queda con la satisfacción de tener a su bebé en brazos, satisfecho por su propia leche.

Claudia López
Licenciada en Psicología

Más información:
La Liga de la Leche Internacional: http://www.llli.org

El parto, ¿es sólo un día en la vida de una mujer?

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La importancia del acompañamiento

El trabajo de parto y parto es un momento de extrema sensibilidad y vulnerabilidad para la mamá y su familia. En Uruguay, una mujer tendrá, en promedio, dos hijos en su vida. Por lo que el momento del parto no es un día “cualquiera”, si no que quedará presente en su memoria.

En el año 1991, la Doula Penny Simpkins publicó una investigación sobre el impacto emocional del parto en un grupo de mujeres, a las cuales les realizaron entrevistas en distintos lapsos de tiempo. Los resultados que obtuvieron indican que las memorias del parto se recuerdan de forma vívida aún 15 o 20 años después.
Concluyeron que una experiencia de parto satisfactoria, sin medicar y bien acompañada (contenida), puede ser una influencia positiva para el resto de la vida de la mujer.

Para que la experiencia del parto sea una memoria positiva, es imprescindible que la mujer se sienta segura y tranquila. Muchas veces, en la urgencia de cuidar la salud física del bebé y la mamá, se puede desatender el aspecto emocional. Para que la mujer transite la experiencia de la mejor forma posible, es indicado que alguien de su confianza pueda acompañarla durante el proceso, para darle aliento, contenerla y apoyarla. La Organización Mundial de la Salud describe que: “Las mujeres que recibieron apoyo continuo y personalizado durante el parto tuvieron más probabilidades de tener un trabajo de parto levemente más corto, un parto vaginal espontáneo y no tuvieron la necesidad de usar analgesia o anestesia. También mostraron una menor tendencia a expresar disconformidad con relación a la experiencia del parto”.

Desde el 15 de agosto del año 2001 existe en Uruguay la Ley 17.386 en la cual se dispone que: “toda mujer durante el tiempo que dura el trabajo de parto, incluyendo el momento del nacimiento, tendrá derecho a estar acompañada de una persona de su confianza o en su defecto, a su libre elección de una especialmente entrenada para darle apoyo emocional”. Esta disposición es válida independientemente si el parto es vaginal o por cesárea. El Ministerio de Salud Pública (MSP) es quien vela para que se cumpla esta ley, la cual comúnmente es llamada Ley de Acompañamiento. Es importante que la mujer esta informada al respecto para poder reclamarla, y en caso de que no se cumpla, realizar la denuncia correspondiente.

Al mismo tiempo, en sintonía con las inquietudes que se estaban gestando en el país, comienzan los inicios el Instituto Perinatal del Uruguay (IPU). Institución sin fines de lucro que se consolida en el 2005, cuya misión es promover la investigación, educación y asistencia integral en el área materno infantil, de acuerdo a la mejor evidencia científica existente en investigaciones de las ciencias médicas y sociales. Todos los proyectos apoyados están en sintonía con la misión institucional y buscan promover el mejoramiento de los servicios de salud materno infantiles, en particular aquellos dirigidos a los sectores más vulnerables de la sociedad uruguaya. En esta línea, el IPU es la única institución con un programa de Doulas Comunitarias, brindando formación y servicio.

La palabra DOULA deriva del griego antiguo y significa “sirviente de la mujer”. Actualmente se utiliza para referirse a una mujer experimentada en el parto, que a la futura madre proporciona: información y apoyo continúo en los aspectos físicos y emocionales, antes, durante y después del parto.

Una doula del nacimiento:
. Reconoce el nacimiento de un hijo como una experiencia clave que la madre recordará toda su vida.
. Entiende la fisiología del nacimiento y las necesidades emocionales de la mujer que se encuentra en trabajo de parto
. Ayuda a la mujer y a su compañero a prepararse y seguir sus planes para el parto.
. Permanece con la embarazada hasta que su trabajo de parto termina.
. Proporciona apoyo emocional, medidas físicas de comodidad y da un punto de vista objetivo, ayudando a la madre y su referente afectivo a obtener la información necesaria par tomar decisiones adecuadas.
. Facilita la comunicación entre: la mujer que está en trabajo de parto, su compañero y los proveedores de los servicios de salud.

En el Uruguay este nuevo rol se viene desempeñando desde hace dos años, y fue reconocido en las “Normas de atención a la mujer en el proceso de Parto y Puerperio”, publicadas por el MSP en el año 2008.

TESTIMONIO de una DOULA:

La experiencia de acompañar a una embarazada y su acompañante ha sido y es algo sumamente emocionante. Desde nuestro rol, la aceptación por parte de ellos de que los acompañemos en un momento tan importante e íntimo de sus vidas, es algo que nos obliga desde el espíritu a ser sumamente respetuosas. La intensidad con la que vive una mujer en esas horas nos renueva la fuerza femenina, nos renueva la esperanza en el poder de parir que tenemos todas las mujeres, y nos recuerda que el acto de parir – nacer es una CELEBRACIÓN y debe ser vivida de esa manera. Allí la Doula es la que vela por que se viva plenamente esa Celebración, el recibimiento a ese nuevo ser a este mundo. Que prime la fuerza, esperanza, alegría y emoción de haber engendrado y parido a un HIJO. Luego ya los tres juntos, sonrientes, agotados de tal tarea, la doula cuidadosamente permite que vivan en intimidad sus emociones, sus caricias, mimos... Al retirarse la Doula, sale a despertar al mundo, a gritar a vivas voces que alguien más está entre nosotros y que nuevamente una mujer a sacado de sus entrañas el poder femenino de parir, y el referente afectivo supo estar firme y sólido al momento de dar una mano, al respirar juntos, al llorar juntos la llegada de ese niño.
El acompañar es la tarea más bella que he vivido

Myriam Álvez
Coordinadora del Programa de Doulas Comunitarias
Claudia López
Lic. en Psicología

Instituto Perinatal del Uruguay
www.institutoperinatal.org.uy

Parir por cesárea: Repercusiones emocionales en la mamá.

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A algunas mujeres se nos presentan dificultades en el momento del trabajo de parto, o antes de mismo, que obligan a los profesionales de la salud a decidir realizar una cesárea. Afortunadamente existe esta alternativa al parto vaginal. Dicha operación ha salvado vidas de mujeres y bebés durante años. Sin embargo, difícilmente se reconocen las repercusiones afectivas para la mamá.

Todas las mujeres somos distintas y vamos a vivir de diferente manera el nacimiento de cada hijo. Esto sucede con las cesáreas. Si bien, para algunas mujeres parece no tener ninguna consecuencia emocional, para otras puede ser una experiencia traumática; ello va a depender de distintos elementos. Desde el punto de vista obstétrico, es distinto si fue una cesárea de emergencia o si fue programada, donde la mamá tiene más tiempo para prepararse emocionalmente. Si fue de emergencia, dependerá de cómo se presenta la misma, de cómo fue el trabajo de parto, en qué momento se realiza la cesárea. A ello se le suman los elementos personales de la mamá; sus expectativas, sus anhelos, sus fantasías sobre el nacimiento de su bebé. Una mamá que se ha preparado durante el embarazo para un parto vaginal, y no concibe otra posibilidad, seguramente encuentre difícil asimilar la situación de una cesárea. El personal de salud y el tipo de atención que se reciba, sin duda influirán en la vivencia de la experiencia.

Hablamos de “herida emocional” como la marca afectiva resultante de la cesárea. Es un dolor muchas veces silenciado y que resulta difícil de “curar”. En ocasiones reaparece años después, cuando la mamá considera un nuevo embarazo; se encuentra entonces, con una sensación de malestar y no puede identificar su origen. Se produce un duelo que es necesario transitar y surgen diversas preguntas, “¿Por qué yo no pude parir?” “¿Tendré algo mal?” Se escuchan frases como: “Nunca voy a saber qué se siente parir”. Lo importante aquí es que la mamá sepa que es un proceso normal. A veces tenemos la sensación de que somos las únicas que nos pasan las cosas, pero la realidad es que hay muchas otras mamás viviendo lo mismo.

Las consecuencias emocionales dependerán de cómo vivió la mamá la cesárea. Para algunas mujeres puede ser una experiencia traumática que necesitan contar. Desde el punto de vista médico y social, se valora la salud física. Escuchamos frases como: “Lo importante es que tú y el bebé están bien”. Esto es correcto y no deja de ser muy primordial, pero anula los sentimientos negativos que se pueden generar. Las mamás que tienen sus hijos por cesárea pueden encontrar difícil expresar la experiencia. Por lo general el nacimiento es una celebración, la familia está presente, y todos están felices; por lo que no es fácil, en este ambiente, contar las emociones contradictorias. Es normal que estas aparezcan, y no tienen nada que ver con ser una “mala mamá” o con no querer a nuestro bebé. Es importante evitar silenciar estas expresiones, como también evitar minimizar lo sucedido. Algunas mujeres no tienen estas vivencias, pero otras sí y necesitan expresarlo. Para esto tiene que haber personas dispuestas a escucharla y comprenderla, sin fomentar sentimientos de culpabilidad. La familia y amigos pueden ayudar; hacerle saber que lo que le sucede es normal calma angustias. De todas formas, siempre hay que estar atentos ante señales que indiquen la necesidad de contactar a un profesional pertinente. También se puede acudir a grupos de apoyo, en donde la mamá puede compartir con pares situaciones similares y sentirse comprendida.

¿Qué se puede hacer para atenuar las consecuencias?
Podemos pensar en elementos que atenúan las consecuencias emocionales; uno de ellos es la necesidad de la mamá de estar acompañada durante la operación. Recordemos que existe la Ley 17.386 que ampara a la mujer y le permite tener una persona de su elección dentro del quirófano. Durante la intervención, la mamá está desnuda, generalmente con los brazos sujetados y tiene un campo que no le permite ver lo que sucede. Los médicos están uniformados y con tapa boca. Esta situación resulta muy extraña; un momento que debería de ser cálido y lleno de amor, en el quirófano se torna frío y distante. Por lo general los médicos no hablan, ya que están concentrados en la operación. Es natural que la mujer esté nerviosa y ansiosa por saber cómo está su bebé. Sin duda, en este contexto, es fundamental que haya alguien de su confianza, que le tome la mano y le vaya diciendo cómo está todo.
Asimismo, es importante que al nacer le muestren el bebé y lo acerquen a su mamá; de ser posible, que se libere uno de sus brazos para así acariciarlo. Son pequeños detalles que no obstaculizan el acto quirúrgico y marcan una gran diferencia emocional para la mamá.

Haya sido con anestesia general o raquídea, la mamá y el bebé van a estar alejados los primeros minutos de vida. Aquí el rol del acompañante es fundamental, puede seguir al bebé, sacarle fotos, y en algunos lugares hasta dejan vestirlo, etc. Desde el punto de vista psicológico, para el bebé es muy importante sentir la voz de alguien conocido, ya que no puede estar en brazos de su mamá. Y para ella, tener la seguridad que su bebé esta siendo acompañado, y que está bien, le quita angustia a la situación.
Luego, puede ser reconfortante para la mamá ver fotos, o escuchar relatos de cómo estaba su bebé y qué hacía mientras ella estaba en recuperación. Son esos pocos minutos que ella se “pierde”, pero que puede recuperar a través de los otros.

El apoyo familiar
Recordemos que una mamá, en los primeros días de nacido el bebé, tiene una sensibilidad extra. No sólo se ha convertido en mamá y tiene un pequeño a quien alimentar y contener, sino también, en caso de haber sido por cesárea, debe recuperarse física y emocionalmente de una operación importante. Es aquí donde el entorno familiar cumple un rol importante de sostén. Existen investigaciones que afirman que aumentan los porcentajes de depresión postparto cuando el nacimiento ocurre por cesárea. Para evitarla, es necesario que la mamá se cuide, y que sea cuidada por el entorno. El dolor post operatorio puede ser intenso, por lo que toda ayuda extra es bienvenida. Pero no solo colaboración con las tareas del hogar, también resulta fundamental el apoyo emocional. Saber que, por mínimo que sea, la mamá va a tener que transitar un duelo por el “parto vaginal que no fue”.

Finalmente, no olvidemos que la cesárea es un nacimiento; podemos pensar que es otra forma que la ciencia nos ha dado de parir. Es una celebración y un milagro de la vida. Pero sobre todas las cosas, es la muestra extrema de entrega y de amor; donde la mamá sacrifica su propio cuerpo por el bienestar de su bebé.

Para saber más:
www.ican-online.org





 

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